martes, 10 de marzo de 2026

¿Quién fue Joseph Redhead?



¿Quién fue Joseph Redhead?

El médico del General Manuel Belgrano, físico, naturalista, geólogo...


Por Ernesto Martinchuk

Académico de Número

 

El general Manuel Belgrano, en un pequeño paraje de Tucumán llamado Alurralde, aprovecha el lapso de su estadía y luego de una última lectura, firma el 2 de febrero de 1813, el prólogo a su traducción de la Despedida al pueblo de los Estados Unidos de George Washington. El texto enfatiza la importancia de la unión nacional, la advertencia contra las facciones políticas divisivas y la necesidad de mantener la moral y la religión como pilares del gobierno. El folleto se imprimió en la famosa Real Imprenta de los Niños Expósitos, el corazón editorial de la Revolución. Mientras reorganizaba el Ejército del Norte tras la victoria en Tucumán y se preparaba para la batalla de Salta, Belgrano se hacía tiempo para escribir, y dejaba en claro que la libertad política es estéril si no va acompañada de la virtud civil. Belgrano era un políglota brillante. 

Además del castellano, dominaba el francés, el italiano, el inglés y el latín, lo que le permitió acceder de primera mano a las mentes más brillantes de la Ilustración para aplicarlas en nuestro suelo. Para llevar adelante esta traducción contaba con la asistencia de su médico personal el Dr. Joseph Redhead, quien lo acompaño, asistió, compartió con él triunfos y derrotas en el campo de batalla, puso el cuerpo por él en situaciones límites y fue su asistente en ese viaje penoso y miserable que tuvo que realizar para morir en Buenos Aires. Hoy pocos recuerdan ese amigo entrañable de Manuel Belgrano.

 

El Dr. Joseph James Thomas Redhead es quien elige compartir la pobreza y el hambre con su amigo, para poder, como médico, aliviar la agonía. El 19 de junio de 1820, un día antes de morir, Belgrano le solicita a su hermana Juana que descuelgue de la cabecera de su cama un reloj de oro y esmalte que le había regalado el Rey Jorge III de Inglaterra: “Es todo cuanto tengo que dar a este hombre bueno y generoso”, cuenta Bartolomé Mitre, que dice el general mirando a Redhead. En las poco más de cuatro décadas que Redhead vivió en estas tierras, también fue médico de campaña del general Güemes y su activa participación en la vida pública permitió que quedaran muchos testimonios. Pero al mismo tiempo abundan las disidencias y los enigmas.

 

Pero: ¿Quién fue Joseph Redhead? ¿Por qué motivos arribó a nuestras tierras y por qué permaneció en ellas 43 años? Al principio los biógrafos del Dr. Redhead no estuvieron de acuerdo sobre su lugar de nacimiento. Para unos era de EEUU y, para otros era inglés. La confusión nace cuando al arribar al puerto de Buenos Aires, en 1803, declaró ser estadounidense para no ser sospechado de espía británico, algo que no pudo ser comprobado. De todos modos, los españoles descubrieron la falsa declaración y por eso Pío Tristán lo persiguió. 


Una versión indica que Joseph Redhead fue un británico nacido en Saint John, Antigua, en las Antillas Menores del mar Caribe, donde su padre tenía una plantación de caña de azúcar. Fueron sus padres Samuel Redhead y Sarah Bullock, quienes lo enviaron de niño a estudiar en Escocia. Cursó medicina en la Universidad de Edimburgo donde se doctoró en junio de 1789. Luego pasó por Cambridge, Alemania, Italia, Rusia y Francia donde cayó preso en La Bastilla, antes de llegar a Buenos Aires en los primeros años del siglo XIX.


La vida y obra de Redhead ha sido ampliamente documentada en el libro de Ricardo N. Alonso, -2023- “Historia de la ciencia. Joseph Redhead, un sabio británico en la Salta del siglo XIX”. Asimismo, un valioso trabajo sobre Redhead y la ciencia humboldtiana fue publicado en 2023 por el Dr. Miguel de Asúa. Se lo supone hijo de padres irlandeses, católicos, que se radicaron en Escocia. Cursó entonces los estudios primarios y secundarios en el Real Colegio de Edimburgo. De acuerdo con los datos aportados por su amigo personal, el viajero y médico Juan Scrivener, siguió allí los cursos de medicina bajo la tutoría del afamado científico William Cullen (1710-1790), el fundador de la hematología, discípulo a la vez, del hipocrático Herman Voerhaave.

Ratificando la información de Scrivener, consta que el joven universitario se graduó de médico en Edimburgo en 1789, con una tesis titulada Dissertatis physiológico-médico inauguralis de adipe. Ese tiempo de Redhead en Edimburgo corresponde con lo que se dio en llamar la Ilustración Escocesa, una de las explosiones de talento que se dieron a lo largo de la historia de la humanidad.


Otras fuentes indican que está probado que nació en Connecticut, cerca de Canadá (hoy Estados Unidos de América), hacia 1767, es decir, nueve años antes de haberse declarado la independencia de aquella nación. Sin embargo, arbitrariamente ha sido casi siempre tenido como británico (escocés, inglés e inclusive irlandés), pese a la circunstancia especial de que él mismo dejó aclarada su antedicha condición de americano en un documento datado en la ciudad de Buenos Aires con fecha 17 de octubre de 1804, existente en el Archivo General de la Nación, y publicado por el historiador Emilio Ravignani en 1919. Los investigadores indican que en razón de haberse omitido registrar esa fuente, la historiografía mostró falencia al respecto, no obstante existir, además, claras menciones indicadas primero por el propio general Belgrano en 1813, y posteriormente, en la obra de los historiadores Guillermo Furlong y Mario Belgrano, con la salvedad de que este último, siguiendo la información tradicional consignada por Bartolomé Mitre, lo considera escocés en la primera edición de su obra sobre Belgrano, impresa en 1927. Así lo dicen también Bernardo Frías y otros autores. Juan Canter, a su vez, sin conocer el documento publicado por Ravignani, acertó en considerarlo anglo-americano basándose en el testimonio de Belgrano. Con anterioridad, los viajeros ingleses Andrew y Temple lo consideraron connacional suyo. En medio de esa anarquía y confusión de datos fue, en 1943, cuando Romero Sosa, ahondó la investigación analizando los distintos materiales al respecto, dando a conocer sus conclusiones en un trabajo aclaratorio, y reproduciendo el documento dado por Ravignani.


Esplendor científico y cultural

Dentro de ese marco, la realidad es que el momento que le tocó vivir a Redhead en Edimburgo se caracterizaba por pasar por un esplendor científico y cultural donde se destacaban figuras como las del filósofo David Hume (1711-1776), el economista Adam Smith (1723-1790), el padre de la geología moderna James Hutton (1726-1787), el químico Joseph Black (1728-1799), el matemático John Playfair (1748-1819), el geólogo James Hall (1761-1832) y el ingeniero James Watt (1736–1819). A ellos se les sumaba Benjamín Franklin (1706-1790), gran amigo de Hume, quien lo visitaba con frecuencia.


A todo esto, la Ilustración Escocesa que iluminó a la humanidad en las ciencias y las humanidades, fue parte de una enorme transferencia de conocimientos prácticos a los Estados Unidos. Redhead fue alumno de William Cullen, considerado como uno de los grandes médicos de Inglaterra y primer médico del rey en Escocia. Cullen, Black y Hutton eran además íntimos amigos, lo que demuestra que Redhead vivió en esa pequeña ciudad de Escocia, en un tiempo en que florecieron grandes mentes. Edimburgo, una ciudad que en ese entonces contaba con poco más de 50.000 habitantes, sería conocida informalmente como la "Atenas del Norte".

También en base a la información de Scrivener se sabe qué especializado Redhead en ciencias físico-naturales pasó a perfeccionarse en Alemania en la célebre Universidad de Göttingen donde fue compañero de Guillermo IV, duque de Clarence. Por otra parte, también lo fue del propio Alejandro Humboldt. De todos modos, no resulta casual que Humboldt ingresara precisamente a dicha Universidad alemana en 1790, en época contemporánea a la permanencia de Redhead en Göttingen.


Fue Alexander von Humboldt quien le habría dado a Redhead “un itinerario para explorar especialmente las hoy provincias del norte argentino”.  De Alemania, Redhead pasó a Italia donde se relaciona con quienes rechazaban la “generación espontánea”.

Se vinculó especialmente con los trabajos del abate Lazzaro Spallanzani, biólogo, precursor de Pasteur y profesor de historia natural, matemática, latín, griego y metafísica en las universidades de Reggio y Modena. En Italia dominaba por entonces la enseñanza clínica sobre la base de comprobaciones en mesas de autopsias.

Más tarde, Redhead de Italia pasa a Francia. En París asiste a las prácticas del Dr. Jean Louis Baudelocque, obstetra que estudió y practicó medicina en esa ciudad. También asiste a las clases de Jean Nicolás Corvisart, quien además de ser médico de Napoleón le transmitió el interés por la técnica de la percusión del tórax para diagnosticar enfermedades. Finalmente, en su rodar por el mundo, Joseph Redhead se instala en Rusia a fines del siglo XVIII donde permanece un breve período antes regresar a Escocia.


Debe señalarse que, Woodbine Parish, en su enciclopédico trabajo “Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata”, publicado en Londres en 1852, cita reiteradamente a su “inteligente corresponsal” Joseph James Thomas Redhead, a quien le agradece por los valiosos informes con datos geológicos y barométricos que le suministró. Entre ellos figura información sobre el meteorito del Chaco. A propósito, la expedición de Rubín de Celis en búsqueda del hierro nativo del Chaco -que algunos pensaban era la saliente de una veta de plata pura- contó con la presencia del salteño Francisco Gavino Arias (1732-1808). Por su parte, Gabriel de Güemes Montero, enviado por la corona en 1778 como Tesorero Principal de la Real Hacienda en la Gobernación del Tucumán, padre de Martín Miguel de Güemes, los proveyó de las herramientas necesarias, con lo cual la provincia de Salta participó con hombres y bienes de aquella importante expedición según ha quedado plasmado en diversos documentos.


Dentro de este orden de ideas, Parish relata que Redhead le remitió un informe sobre sus ideas acerca del debatido origen de ese hierro del cual se discutía si era volcánico, cósmico o criado en la propia tierra, y se inclina equivocadamente la tercera posibilidad cuando dice: “Ni tampoco alcanzó por qué razón negaremos a la naturaleza el poder de reducir en su laboratorio un metal que tan fácilmente se separa de sus combinaciones por medio de los esfuerzos del hombre”. En esta discusión también participa el propio Humboldt, quien avala la opinión de Redhead. Algunos comentarios indican que Redhead tenía un bastón cuyo puño estaba hecho del hierro meteorítico y, como tal, en largos años no se había alterado.


Desde la perspectiva más general, Parish también menciona la idea que tenía Redhead sobre una antigua costa marina en Santiago del Estero, y usó los datos barométricos de Redhead para los cálculos de altura de las ciudades y montañas del norte argentino y sur de Bolivia. Entre ellos, calcula la altura de la ciudad de Salta en 3.973 pies (1.144 m), además de varios puntos de la quebrada de Humahuaca, La Quiaca, Tupiza, Potosí y la montaña de Chorolque, esta última en 16.530 pies. Se convierte así en el primer andinista científico en tomar alturas de cumbres en esta región del cono sur y estudiar su geología tal como lo menciona el inglés Juan H. Scrivener en sus memorias.

Es interesante destacar la publicación en 1819, de su pequeño libro: “Memoria sobre la dilatación del aire atmosférico”, más que por su valor intrínseco, por el tema elegido y por los datos concretos que el autor proporciona acerca de su realización experimental. También se tiene conocimiento de unos apuntes en inglés, titulados

“Algunas observaciones generales acerca de la influencia del sol y de la atmósfera sobre los animales y los vegetales”, que formaban parte de la biblioteca de Luis Güemes.


Un poco de historia

Según la documentación publicada en la Historia del Protomedicato, por Juan Ramón Beltrán, fue en 1803 cuando el Real Protomedicato de Buenos Aires habilitó a Redhead para ejercer su profesión en todo el territorio del virreinato. Encabezaba la nómina de profesionales médicos habilitados al efecto, los doctores Miguel O´Gorman, Cosme Argerich, Agustín Eusebio Fabre y Joseph Redhead entre los 27 médicos y cirujanos autorizados en el área de influencia de la capital. 


La mayoría de los cirujanos de Buenos Aires poseían cargos fijos. Y estaban exentos, por esa razón, de ser incorporados a las filas del Ejército. Otros sufrían enfermedades, o se trataba de septuagenarios, o eran simplemente ineptos para cuidar la apreciable vida de los beneméritos defensores de la patria. Quizá por esto, ese año el Directorio solicitó a Argerich y éste al protomédico Justo García Valdés una lista de cirujanos extranjeros presentes en la ciudad que pudiesen servir en los ejércitos nacionales.

El temor a ser reclutado como cirujano militar muestra que el Ejército no parecía ser el destino más deseado por los jóvenes médicos, pues los sometía a la brutalidad y barbarie del conflicto y a la permanente experiencia de la muerte, la posibilidad de causar o padecerla. Los diplomados, los estudiantes y los antiguos cirujanos de los hospitales betlemitas evitaban por todos los medios prestar servicios en la guerra, incluso movilizando influencias o presentando excusas ficticias. Las solicitudes de licencia y pedidos de excepción invocando motivos de salud abundan en los legajos del Archivo General de la Nación. En esto, como testimonian los trabajos reunidos por Eduardo Míguez, los médicos no diferían demasiado de los campesinos o de los hombres de la ciudad arrastrados al campo de batalla. La única diferencia radicaba en que podían simular con precisión los síntomas de las enfermedades aducidas.


En 1804 en el Cuartel Nº 13 de Buenos Aires, con fecha 10 de octubre, y en virtud de un bando dictado por el virrey Sobremonte, Redhead declaró ante el respectivo Alcalde de Barrio, ser estadounidense para no ser sospechado -tampoco pudo ser comprobado- de agente británico. En esa declaración informa además ser soltero, profesar la religión católica apostólica romana, ejercer la medicina y no tener más bienes “que los cortos muebles de su arte y decencia de persona”.


Desde Buenos Aires partió hasta Potosí en 1806, acompañando a Francisco Muñoz y San Clemente, a quien el rey de España había promovido a la presidencia de Cuzco. Mitre asegura, sin embargo, que en ese viaje Redhead acompañó al doctor Moro quien había sido promovido a la presidencia de Charcas; pero es el propio Redhead quien dio testimonio en contrario a esta última afirmación en una Memoria que le pertenece y que corre impresa.


De las investigaciones del Dr. Aníbal Ruiz Moreno acerca de la vacunación antivariólica en el Río de la Plata, puede deducirse que ese viaje de Redhead hacia Cuzco, se pudo llevar a cabo como modo de lograr la experimentación de los resultados del valioso y hoy bien conocido descubrimiento de Jenner. Por su parte, Osvaldo Loudet informa que fue nada menos que Humboldt quien dio a Redhead “un itinerario para explorar especialmente las hoy provincias del norte argentino”. De todas maneras, fue entonces cuando Redhead logró conocer por primera vez el dilatado ámbito de la Intendencia de Salta, ámbito que mucho le interesó y en el cual estaba llamado a cumplir observaciones sobre la flora y fauna argentinas, sobre todo en la puna jujeña; para estudiar allí sus cactáceas, -conocidas como cactus- y tomar anotaciones de carácter geográfico y geológico, llegando incluso a medir la altura del Cerro de Potosí.


El doctor Redhead se estableció en la capital de la Intendencia de Salta dedicándose al estudio intensivo y sistemático de la botánica y de las costumbres locales, principalmente en lo referente a las hierbas, plantas medicinales y la dinámica de la terapéutica popular. Fue partidario de la terapéutica familiar, y enseñaba la preparación de los medicamentos.


Según Juan María Gutiérrez en sus apuntes autógrafos que se conservan en su colección de la Biblioteca del Congreso de la Nación, pasaba largas temporadas en Rosario de Lerma, en la campaña salteña. Desde allí, era oculto propagandista de los principios que nutrieron la Revolución de Mayo, gozando de notorio predicamento en el medio local. Al conocerse las noticias del pronunciamiento de Mayo, el gobernador Nicolás Severo de Isasmendi le encomendó informar acerca del estado físico de los cabildantes patriotas reunidos “en el propio Cabildo”. Poco después el gobernador Chiclana le pidió también certificar la salud del depuesto mandatario Isasmendi.


Hostilizado por el elemento adverso a la revolución que lo consideraba un espía, cuando el general Pío Tristán ocupó Salta después de la batalla del 20 de febrero de 1813, Redhead logró huir a tiempo a Tucumán amparándose en las filas del ejército patriota, donde por intermedio del Dr. José Ignacio de Gorriti se vinculó muy estrechamente con el general Manuel Belgrano. Erróneamente se ha consignado en otras noticias biográficas que, Redhead con anterioridad había participado en la batalla de Tucumán, desempeñándose como médico, lo cual es inexacto. Redhead acompañó la marcha del ejército patriota hasta la ciudad de Salta donde se encontró en la batalla, y prestó atención a los heridos de ambos bandos en lucha. Osvaldo Loudet ha destacado que incluso colaboró con los doctores Castellanos y Navarro para aliviar al propio Belgrano de sus graves dolencias. Llevado de su lealtad hacia Belgrano, cuya resentida salud requería continuos servicios profesionales, lo siguió en su campaña del Norte regresando con él hasta Tucumán tras la derrota de Vilcapugio y Ayohuma.


Desde mediados de 1815, fue uno de los confidentes y hombre de confianza del gobernador de Salta, Martín Miguel de Güemes acerca de cuya persona y acción, redactó una interesante semblanza, dirigida al comerciante inglés radicado en Buenos Aires, G. Bowles, fechada en Salta a 16 de marzo de 1817. En ese gobierno fue miembro de la asamblea electoral, votando para que los diputados Moldes, Gorriti y Boedo, fueran incorporados al Congreso General que debía sancionar en Tucumán la independencia.


A través de la amistad mantenida con Belgrano y Güemes, hizo también fraterna relación con el militar de la región francesa de Alsacia al servicio de la causa americana Jorge Enrique Vidt, amistad que se continuó hasta mucho después de 1821, cuando éste se trasladó nuevamente a Europa desde donde escribía a Redhead cartas llenas de recuerdos y remembranzas argentinas.


No deja de ser importante destacar también que, en marzo de 1819, desde Salta el gobernador Güemes envió a Tucumán al doctor Redhead con expresas recomendaciones a fin de que éste se preocupase por atender la quebrantada salud del común amigo Belgrano. Desde entonces fue su médico de cabecera, y cuya vida salvó cuando el motín del capitán Abraham González, evitando que se le remachara una barra de grillos en la pierna de Manuel Belgrano. Mitre ha destacado la energía con la que actuó este médico en la emergencia, y pidiendo un acto de deshonor para las armas argentinas y de humillación para el vencedor de Tucumán y Salta.  Fue testigo privilegiado del encuentro entre Belgrano y San Martín en la posta de Los Algarrobos el 30 de enero de 1814. Lo trató de su paludismo con un medicamento elaborado en base a la corteza del árbol de quina y estuvo a su lado en las circunstancias más difíciles, cuando su salud empeoró notoriamente.


Tras ese suceso, acompañó a Belgrano hasta Buenos Aires atendiendo con toda solicitud en su viaje de enfermo y dispensando cuidados hasta el momento de su muerte. Redhead convocó a John Sullivan, un colega para asistir a su ilustre paciente. Sullivan era un irlandés de 23 años nacido en Dublín cuando llegó a Buenos Aires en 1817. Se había formado como médico cirujano en el Colegio Real de Cirujanos de Londres. El 10 de abril de 1820 comenzó a atender al ilustre paciente y participó de todas las consultas. Como aficionado a la música, Sullivan solía ejecutar el clavicordio, instrumento que Belgrano también dominaba.


Según refiere Mitre, el enfermo poco antes de morir le entregó su reloj de oro de bolsillo, diciéndole: “Esto es todo cuanto tengo para entregar a este hombre bueno y generoso”. El doctor Sullivan fue quien le practicó la autopsia.


Redhead estuvo un año ejerciendo en el Hospital de la Residencia y volvió a Salta en el carruaje que le regaló Belgrano, el mismo con el que los dos viajaron, desde Tucumán a Buenos Aires.


El doctor Redhead fue un colaborador de la política de Güemes, amigo y médico de la familia en especial de la hermana del prócer “Macacha” Güemes de Tejada. Por su amistad con Güemes lo califica el general Tomás Iriarte como “primer confidente de aquél”. Lo considera un espía al servicio de Güemes, y lo trata con dureza y desagrado.

Sucesivamente, fue médico particular del coronel Manuel Puch, cuñado de Güemes, y del general Juan Álvarez de Arenales, de los doctores José I. de Gorriti y Facundo Zuviría, de la mística Javiera Molina y Gallo de Dávalos, y de otras figuras conocidas de la vida nacional, colaborando en el orden local, en forma directa con el gobernador unitario de Salta, general Arenales, a cuyo servicio redactó a su pedido, un Informe sobre sanidad de Salta, destinado a Rivadavia. Se vinculó también con el diplomático norteamericano acreditado en nuestro país César Augusto Rodney.


Miembro de la Sala de Representantes se opuso entonces, a la concesión de privilegio del monopolio de la explotación minera de la provincia solicitada por Manuel Dorrego. Además, fueron notorias sus gestiones para apoyar la propuesta inglesa del capitán Andrew al respecto. En esa misma época estuvo relacionado con la Sociedad Literaria de Buenos Aires y con el periódico “El Argos”.


En 1825, en oportunidad de la visita a Salta del general William Miller, asistente del General San Martín durante la Campaña del Perú, Redhead elogió a San Martín y se mostró partidario de haber apoyado sus planes políticos en Lima.


En 1829, redactó un informe técnico relativo al cementerio de Jujuy. La investigación de historia médica lo coloca también entre los precursores de la asepsia. Coleccionó los primeros documentos para elaborar la historia de Güemes por encargo de su amigo Manuel Puch, cuñado del prócer. Publicó pequeños ensayos biográficos sobre Belgrano y Arenales.


En las diversas revoluciones que enlutaron a la provincia de Salta, el historiador Bernardo Frías refiere que se lo vio junto a Francisco de Gurruchaga atender humanitariamente a los heridos entre los años 1825 a 1840.


Con el grado de coronel que le había otorgado el gobernador general Gorriti actuó a comienzos de la época de Juan Manuel de Rosas como partidario del gobernador Miguel Otero en 1841. Al componer su Memoria descriptiva de Tucumán, en 1834, y refiriéndose al carácter de sus comprovincianos -los tucumanos- Alberdi escribió el siguiente comentario “Yo he tenido el gusto de ver confirmadas mis conclusiones especulativas por el testimonio verbal del doctor Redeac (sic), cuya autoridad -agrega- no desdeñó respetar el célebre Humboldt”. En efecto, como ya se mencionó, Redhead fue un asiduo corresponsal de dicho hombre de ciencia, quien tuvo el honor de aprobarle un nuevo sistema de calcular las tablas barométricas, además de un informe de la altura de los principales picos de los Andes. Fruto de sus investigaciones y estudios, Redhead dejó varios escritos, entre ellos los de la quina y sus aplicaciones en el paludismo; sobre la carqueja y las cáscaras de granadas. Redactó la primera biografía de Belgrano y en 1824, a pedido del general Arenales, escribió el único informe sobre la sanidad de Salta.


Redhead murió octogenario y en la indigencia, en la Quinta Grande, un predio donde hoy se levanta la iglesia de los Carmelitas de Salta, el 28 de junio de 1847, Le asistieron sus amigos, el médico salteño Vicente Arias y Arias y el presbítero Toribio Tedín y fue enterrado según su voluntad en un panteón construido en su propia quinta. Su valiosa biblioteca, los instrumentos de matemática y de física, fue heredada por Luciano Tejada, el esposo de “Macacha” Güemes.

 

Fuentes de consulta:

Archivo General de la Nación

Biblioteca del Congreso de la Nación

Biblioteca Pública Esteban Echeverría

Alonso, R. N. y Sorich, A. D. 2001 - Joseph Redhead y la ciencia colonial.

Ricardo N. Alonso, 2023 - Historia de la ciencia. Joseph Redhead, un sabio británico en

la Salta del siglo XIX. Mundo Gráfico Editorial – Salta.

Juan Ramón Beltrán, 1937 - Historia del protomedicato de Buenos Aires - El Ateneo.

Irina Podgorny, 2010 - La Revolución de Mayo y la medicina - CIENCIA HOY - Volumen

20 Número 118.

Cutolo, Vicente Osvaldo - 1988 - Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos

Aires.

Portal www.revisionistas.com.ar

Yaben, Jacinto R. - 1939 - Biografías argentinas y sudamericanas - Buenos Aires.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Don Antonio Nariño, padre civil de Colombia



Don Antonio Nariño

Padre civil de Colombia

 

Por el Sr. Prof. Dr. Hernán Alejandro Olano García

Académico correspondiente en Colombia

Conferencia via streaming
5 de diciembre ed 2025


Cada16 de julio recordamos a Antonio Nariño, quien nos hace reconocer los ideales con los que se luchó sin tregua por parte del precursor. No obstante, las injusticias que lo persiguieron en vida, ya que 28 de sus 58 años estuvo prisionero, lo llevaron a caer en el olvido, en el que cayó el conjunto de su actividad patriótica.


Salvo por el hecho de ser el primer traductor en América Hispana de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, lo cual nos permite reflexionar sobre la actualidad de su pensamiento y de su ejemplo.

 

Según Elvira Cuerpo de Jaramillo, lo cual comparto, Colombia necesita nariños ciudadanos que aprecien y conserven su libertad, que defiendan su diversidad étnica, cultural, ecológica, política y religiosa, todo enmarcado en una sola nación, en un único país, en una tierra base rica donde todos podamos ejercer nuestros derechos y nuestro proyecto hacia el futuro.


 


Si La Pola es el prototipo de la mujer valiente, Antonio Nariño es el ejemplo de vida para los colombianos y de una patria para todos. Por esta idea luchó hasta el último de sus días, fundando el primer estado auténticamente nacional en el que incluyó a indígenas y mestizos. Acuñó monedas con la efigie de una indígena, símbolo a la vez de lo íntimo y de la libertad; diseñó la primera bandera colombiana y el escudo de Cundinamarca, que por entonces se extendía hasta el Vichada, símbolos que permanecen hasta hoy; combatió la desintegración de nuestro territorio, postuló la formación de un país unido con un gobierno centralizado para mayor eficiencia, y soñó con una patria en la que cada uno tuviese reconocidos no solo sus razones de pertenencia sino también sus derechos. Por otro lado, otro de los símbolos del departamento que han resistido el paso del tiempo es el hospital San Juan de Dios, que fue inaugurado por el santafereño cuando fungía como tesorero de Cundinamarca.

 

Nariño posee un prestigio de pensador clásico dentro de nuestros padres fundadores de la nacionalidad. Es el personaje romántico en la lucha por la libertad.

Sin embargo, solo se desempeñó como militar por 20 meses a lo largo de toda su vida, ya que principalmente fue un civilista y un pensador, un periodista político que adquiere el más grande valor para la memoria de los héroes de la patria.

 

Previo a la independencia de Cundinamarca, el 20 de octubre de 1810 fue liberado por los patriotas de Cartagena y se dirigió a Santa Fe, tratando de recuperar su patrimonio basándose en el embargo hecho al último virrey de la Nueva Granada, Antonio de Amar y Borbón. Ese mismo 22 de diciembre fue nombrado secretario del primer congreso organizado después del 20 de julio. 

 

Para el 17 de abril de 1811 reimprimió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y el domingo 14 de julio, en que se celebraba el primer aniversario de la Revolución Francesa, publicó el semanario La Bagatela, el primer periódico político del país. Sin embargo, el luto llegaría esos días, porque el 16 de julio de 1811 murió su esposa, Doña Magdalena, la madre de sus seis hijos.

 

Sobreponiéndose al luto, el 19 de septiembre su artículo en La Bagatela encendió los ánimos de tal manera que fue aclamado presidente provisorio de Cundinamarca, tras ser depuesto Jorge Tadeo Lozano. El 6 de octubre fundó la Gaceta Ministerial de Cundinamarca con el lema "Puntualidad y Verdad", donde la opinión no se fija y no tienen valor las leyes. Luego, el 24 de diciembre de 1811, el colegio electoral de Cundinamarca lo ratificó como presidente.

 

En 1812 combatió el proyecto de federación y defendió la idea de un gobierno centralista. Ya para el 23 de febrero fundó el periódico Noticias del Día, destinado a difundir las gestiones de su gobierno, y el 17 de abril se creó la República de Cundinamarca bajo su presidencia. Luego, el 29 de abril plantó el árbol de arrayán, conocido como el árbol de la libertad en la plaza central de Santa Fe, costumbre que se extendió a los pueblos que abrazaban la causa patriota. Por esa razón, el 5 de julio se organizaron fiestas en Santa Fe en las que se exhibieron el retrato de la libertad simbolizada por una indígena.

 

El 19 de agosto renunció a la presidencia de Cundinamarca para colaborar con el cese de hostilidades personales entre federalistas y centralistas, y el 11 de septiembre, ante la amenaza de las tropas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada sobre la capital, el Congreso de Cundinamarca le solicitó retomar el gobierno y le otorgó facultades absolutas. El 20 de octubre fundó el periódico Providencias de Gobierno, en el que publicó los decretos expedidos por su administración. Posteriormente, el 2 de diciembre, las tropas de Nariño fueron vencidas en Ventaquemada, Boyacá, por las fuerzas federalistas que representaban a las Provincias Unidas de la Nueva Granada. El 24 de diciembre, Santa Fe de Bogotá fue sitiada y el 26 de diciembre, Nariño se entrevistó con Antonio Baraya con el ánimo de solucionar el conflicto.

 

Damos inicio al año de 1813, que es el de la independencia definitiva de Cundinamarca. Así, el 7 de enero apareció el periódico Boletín del Ejército, la primera publicación de carácter militar. El 9 de enero, las tropas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada al mando de Antonio Guaralla llegaron hasta la plaza de San Victorino en Santa Fe, donde fueron derrotadas por la artillería de Nariño.

En los siguientes días se juró la nueva bandera de Cundinamarca y previamente se había declarado el Nazareno de San Agustín generalísimo de las tropas. El 13 de junio, Nariño renunció a sus facultades absolutas ante el Congreso, y el 16 de julio se proclamó la constitución del Estado Libre y Soberano de Cundinamarca. De sus insignias y monedas amplió el uso de la indígena coronada como símbolo de la libertad, ante lo cual Nariño fue nombrado presidente teniente general para comandar la campaña del sur, ante la urgencia de liberar a Quito con el objetivo estratégico de asegurar la independencia del Nuevo Reino de Granada. Así, el 21 de septiembre Nariño partió al mando de sus tropas y dejó como presidente interino de Santa Fe a su tío, Manuel de Bernardo Álvarez. El 30 de diciembre tuvo el primer enfrentamiento con las tropas españolas, denominado batalla del Alto Palacé, cuando Nariño ocupó la ciudad de Popayán.

 

Fue don Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca, quien urgió en varios oficios al recién instalado Colegio Revisor de la Constitución de ese Estado, a aprobar el acto de “la independencia de Fernando VII”. Durante las sesiones de los días 15 y 16 de julio de 1813, el propio Nariño ingresó al Colegio Revisor para animar el debate interno que llevó finalmente a la decisión de la Independencia.

 

Nariño presentó también el argumento de la emancipación necesaria cuando un Pueblo llegaba a su madurez: “Sí: los Pueblos son como los hombres, que nacen y crecen, que numeran períodos en el transcurso de su vida en que debe gobernarse a sí mismos, con más razón los de América, que jamás serán dichosos sino con su gobierno interior que repare en sus necesidades”. Después de cinco años de expectativa, había llegado el momento en que la América podía decir a España que había llegado “la época de su emancipación”, no obstante, la oposición de del presbítero José Antonio Torres y Peña, cura doctrinero de los pueblos de Tabio y Nemocón, corregimiento de Zipaquirá, con la coadyuvancia del diputado Fernando Rodríguez.

 

Así ese 16 de julio, después de un intenso debate, finalmente llegó el momento de votar la moción de declarar la independencia. Finalmente, el acta de la declaración de independencia fue firmada por 47 diputados del Colegio Revisor que habían debatido “el importante punto de si era llegado el caso de proclamar solemnemente nuestra absoluta y entera independencia de la Corona y Gobierno de España”, dada la circunstancia de “emancipación en que naturalmente hemos quedado después de los acontecimientos y disolución de la Península y Gobierno de que dependíamos”. Después, en la tarde del 19 de julio se publicó en las calles de Santa Fe la declaración de la independencia. Algunos jinetes acompañaron al presidente Nariño en su paseo por la Calle Real. Después de la lectura del bando, que se prolongó hasta pasadas las cinco de la tarde, el Colegio Electoral llevó en procesión la imagen de Santa Librada desde el templo de San Juan de Dios hasta la Catedral.

 

El año 1814 fue bastante bélico, porque el 15 de enero se desarrolló la batalla de Calibío con triunfo patriota, el 29 de abril la batalla de Juanambú, y el 4 de mayo, desde Caracas, Simón Bolívar distinguió a Antonio Nariño con la Orden de los Libertadores en reconocimiento por sus triunfos militares. El 9 de mayo la batalla de Tacines fue un triunfo patriota y el 10 de mayo, la batalla de los Ejidos de Pasto, con la derrota que lo llevó solitario a la ciudad de Pasto, donde el 14 de mayo se presentó en la plaza del pueblo que pedía su cabeza. Sin embargo, de acuerdo con el decreto de gentes, fue juzgado y encerrado en una pequeñísima pieza, tendido sobre una mala cama, cubierto por una ruana, con grillos en las piernas ulceradas, sin un amigo y sin un libro. Permanecería allí hasta junio de 1815, cuando fue conducido al Callao y desde allí, vía Cabo de Hornos, a la cárcel real de Cádiz en España, donde permanecería hasta marzo de 1820, cuando obtuvo la libertad gracias a la revolución de Rafael del Riego.

 

Su seudónimo de Somayar fue el que utilizó para firmar cartas en contra del pacificador Pablo Murillo. Desde Gibraltar viajó por Europa durante un año, encargó su retrato y compró máquinas para la agricultura, regresando a América vía Jamaica después de que Simón Bolívar firmara el armisticio de Trujillo con Murillo. En 1821 Bolívar expidió el decreto que nombró a Nariño vicepresidente interino de la Gran Colombia y el 6 de mayo le correspondería instalar el Congreso de la Villa del Rosario de Cúcuta, siendo uno de los cuatro sobrevivientes presentes, pues a otros próceres ya habían sido fusilados por los realistas. Allí estaba Nariño, en medio de jurisconsultos granadinos jóvenes menores de 40 años, que pronto dominarían el Congreso y la historia de la segunda mitad del siglo XIX.



martes, 25 de noviembre de 2025

¿Quién fue Jean Adam Graaner? El agente sueco que participó durante el Congreso de Tucumán en 1816

 


¿Quién fue Jean Adam Graaner?

El agente sueco que participó durante el Congreso de Tucumán en 1816

 

Por el Sr. Ernesto Martinchuk

Académico de Número

26 de noviembre de 2025

El 24 de noviembre de 1819, a los 37 años, en un navío británico a la altura del Cabo Buena Esperanza fallecía Jean Adam Graaner. Unos años después, en Santa Elena también moría otro enemigo de los ingleses: Napoleón. También Mariano Moreno murió en marzo de 1811 en alta mar, durante un viaje a Inglaterra en misión diplomática. Pero, ¿Quién era este personaje llegado misteriosamente a Buenos Aires y el único extranjero que participó en las deliberaciones del Congreso de Tucumán en 1816?

 

Los pocos datos que existen es que, Jean Adam Graaner (1782-1819) fue un oficial de la marina de sueca que se destacó en la guerra ruso-sueca entre 1808 y 1809. Luego se trasladó de la marina al ejército y participó en la primera campaña en Alemania contra Napoleón. También luchó contra los noruegos. En 1815 alcanzó el grado de capitán del Estado Mayor y más tarde ascendió a Mayor. Era un oficial de vasta cultura y un muy buen observador. Dominaba varios idiomas, pero la geografía y la historia fueron sus materias favoritas, aunque no ignoró la economía. Su curiosidad lo llevó a especializarse en la minería.

 

Graaner realizó entre los años 1816 y 1819 dos viajes al Río de la Plata. Su llegada fue un tanto misteriosa, se produce después de la caída de Napoleón y cuando la Santa Alianza, Prusia, Austria y Rusia, pretendían intervenir en la recuperación de las colonias hispanas y cuando existía una rivalidad geopolítica entre Inglaterra y Rusia. La primera pretendía una supremacía marítima y un equilibrio de las llamadas potencias continentales. Por su parte, Rusia basaba su acción geopolítica en su supremacía continental y el equilibrio de las potencias marítimas como Inglaterra, España y Francia.

 

El Congreso de Viena (1814-1815) trató el proceso de recuperación por parte de Fernando VII de sus colonias, lo que en cierto modo fue impedido por Inglaterra, dado que la emancipación de las mismas le había abierto un fabuloso mercado para cubrir su producción manufacturera y los negocios comerciales. Según algunos historiadores existió la idea del envío de una fuerza expedicionaria rusa con cien mil hombres, pero todo fue desbaratado por la habilidad diplomática y las actividades de los agentes de la corte de Saint-James. Por otra parte, en 1816, salvo las Provincias Unidas del Plata, todas estaban dominadas por los realistas de Fernando VII. Chile derrotada, Perú parte de la reconquista realista, Colombia y Venezuela dominadas por el general Morillo y Bolívar radicado en Jamaica.

 

A todo esto, Jean Baptiste Bernadotte (1763-1844) estaba sujeto a la política del zar Alejando I -verdadero triunfador en el Congreso de Viena- por cuanto su candidatura al trono de Suecia (fue el príncipe heredero de 1810 a 1818) dependía de lo que resolviera la Santa Alianza, donde el ruso tenía mucho peso. Graaner era un agente directo de Bernadotte, pero indirectamente, también, del zar Alejandro I, quien observaba todo lo que sucedía en el Río de la Plata con suma atención.

 

Horas decisivas

 

Es importante recordar que la situación de nuestras provincias no era muy satisfactoria y las deliberaciones llevadas a cabo en Tucumán eran decisivas, dado que uno de los puntos a tratar por el Congreso de Tucumán era la forma de gobierno con el objetivo de obtener unidad, tanto política como territorial. En aquellos días la lucha estaba polarizada entre federalistas y centralistas. La situación europea convenció a Manuel Belgrano que lo mejor para la causa americana era la formación de una monarquía parlamentaria, de esa forma nuevamente, como en 1809, junto a la Infanta Carlota, el creador de la Bandera ocupara un rol importante, junto con José de San Martín y Martín Miguel de Güemes, cuyas opiniones eran de suma importancia, dentro de las filas del monarquismo.



El primero que trata el problema es precisamente Manuel Belgrano en la célebre reunión días antes de la Declaración de la Independencia y donde expone la necesidad de instalar una monarquía constitucional o temperada, al estilo inglés, designando como casa reinante a un descendiente de los incas. Belgrano sostenía esta tesis fundamentada en dos razones:

 

Se realizaba un acto de justicia y se participaba de la idea de la legitimidad del poder, idea vigente en aquellos momentos por toda Europa proclamada, además, por la Santa Alianza. Esta restauración, desde el punto de vista de la estrategia militar, significaba la sublevación general de toda la población indígena, en especial en el Alto Perú, donde anteriormente se había producido la sublevación de Pucamahua. Por otra parte, debemos recordar el buen trato y la diplomacia con que Belgrano trataba a los distintos caciques.

 

Belgrano presenta la propuesta de la monarquía incaica ante el Congreso que estaba formado por 40 (cuarenta) diputados. Por sus lugares de nacimiento estaba representada toda América del Sur. La crónica aporta los siguientes números: Tupiza y Oruro (Alto Perú), Lima, Chuquisaca (2); Mizque, Cochabamba, Jujuy (2), Salta (4), Tucumán (2), La Rioja, Santiago del Estero (2), Córdoba (5), San Juan, Mendoza (2) y Buenos Aires (4). La mayoría de ellos eran hombres universitarios (14 sacerdotes, 18 abogados). Sólo dos de ellos habían estudiado en Europa y 33 en universidades americanas: Universidad de Córdoba (17), Charcas (8), Chuquisaca (3), Lima (1), Universidad de Chile (4).

 

De haberse puesto en práctica esta idea se hubiera incorporado el virreinato del Perú. Todo se hubiera transformado en una derrota militar, para España en poco tiempo, especialmente en Perú, donde los generales hispanos centralizaban sus actividades y la última batalla contra los realistas fue Ayacucho.

 

De esto se deduce que el “porteñismo” quedaba diluido en aquel Congreso. Aclaremos que con “porteñismo” nos referimos al grupo conformado por los representantes de Buenos Aires que bregaban por mantener la hegemonía y centralidad de esta ciudad sobre el resto del país, -conflicto que luego se repite entre Unitarios y Federales, aún vigente en nuestros días- en oposición a los demás diputados que se plegaron al “plan Cuzco”; es decir, al traslado de la capital a esa ciudad peruana, tal como originalmente lo proponía Belgrano.

 

A pesar de que la mayoría de los diputados apoyaron la propuesta de Belgrano, quien propuso a Juan Bautista Túpac Amaru, -hermano de José Gabriel Túpac Amaru, líder de la rebelión indígena en el siglo XVIII, que había pasado muchos años preso en España- como candidato para ser coronado como rey de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El sector de diputados que no estaba de acuerdo con el “plan Cuzco”-en su mayoría los diputados porteños- debían defender la ciudad puerto y su hegemonía mercantil, foco de la contra-unidad americana de la burguesía mercantil, que logró pasar a sesiones secretas la discusión.

 

Belgrano buscaba con esta fórmula la fortificación del orden interno y el aumento del poder militar para poder enfrentar a las potencias extranjeras en una situación de ventaja y asegurar una fortaleza interna en las divisiones que imperaban en esos momentos. Todo el pensamiento de Manuel Belgrano nos aporta conceptos y valores cada vez más vigentes en nuestros días para reflexionar, sobre nuestra realidad política, económica, cultural y educativa…

 

Algunos historiadores coinciden en que esta situación hizo que los opositores a la propuesta de Belgrano ganarán tiempo para desprestigiar el proyecto desde la prensa porteña y se burlaban diciendo que “al rey patas sucias habría que buscarlo en alguna pulpería o taberna del altiplano”.

 

La idea de la monarquía incaica fue rechazada de plano por Fray Justo Santa María de Oro y Tomás Manuel de Anchorena, a quién algunos acusan de favorecer la política inglesa que buscaba el puerto de Buenos Aires como “cabeza de puente” para extender su geopolítica sobre las jóvenes provincias del Río de la Plata. Más adelante, en una carta dirigida en diciembre de 1846 a su pariente Juan Manuel de Rosas, Anchorena le explica cómo se maniobró diplomáticamente para lograr rechazar la idea de Belgrano.

 

Pero volvamos nuevamente sobre los pasos de nuestro personaje Juan Adán Graaner, quién realizó dos viajes al Río de la Plata, uno en 1816 y otro en 1819. Su llegada fue un tanto misteriosa, pero debió tener muy buenas recomendaciones dado que, poco después de su arribo, mantuvo contacto con los principales referentes de la vida política del gobierno. Sobre este viaje el agente sueco nos ha dejado una descripción y agudas reflexiones dignas de un corresponsal, que en 1949 vieron la luz en la obra editada por El Ateneo en “Las Provincias del Río de la Plata en 1816” (134 páginas), con prólogo de Axel Paulin -ex encargado de negocios de Suecia en Buenos Aires y Santiago de Chile- y traducción de Luis Busaniche, del que fueron extraídas distintas partes del texto de esta crónica.

 

A las pocas semanas de llegar al puerto de Buenos Aires, Graaner viaja a Tucumán y se acercó a Martín de Pueyrredón, marcando una estrecha relación personal con significación política.

 

Graaner sigue los pasos de Pueyrredón hasta Buenos Aires y cambia opiniones con el Director Supremo sobre la situación del flamante Estado. Con una carta diplomática de Pueyrredón, se embarca para Suecia vía Río de Janeiro. Lleva en su cartera el primer documento oficial argentino dirigido a una nación extranjera.

 

Entrega al presidente Illia

 

En una ceremonia realizada el 25 de septiembre de 1966 en la Casa de Gobierno, le fue entregado al Presidente de la Nación, Arturo Illia, como un homenaje al 150 aniversario de la independencia, ese documento fechado el 18 de septiembre de 1816, suscripto por el brigadier general Juan Martín de Pueyrredón, remitido a la corte de Suecia donde daba cuenta de la declaración de la independencia.



De izquierda a derecha el embajador de Suecia, doctor Osten Ludberg (2); el presidente de la Nación, doctor Arturo U. Illia (3), leyendo el documento y el embajador argentino en aquel país, doctor Mario Giordano Echegoyen (4). Foto AGN

 

El texto del documento es el siguiente con su ortografía original:

 

“Las Provincias del Río de la Plata acaban de constituirse independientes de su antigua Metrópoli, del Rey de España, y de sus supresores por Declaración solemne de sus Representantes Nacionales. Todos los pueblos la han recibido con el mayor entusiasmo, y están dispuestos a no renunciar sacrificio de cualquier género por conservar unos derechos consagrados por la Justicia en la causa que pleitean, y por las ventajas gloriosas que han adquirido sobre los opresores implacables de su libertad. El oficial Mr. T. A. Graner Vasallo de V.A.R.  que ha visitado estos Países hasta el interior, podrá testificar de estas disposiciones, y yo he querido aprovechar la oportunidad de su regreso a esa corte, para ofrecer a V.A.R. mis particulares respetos, los que le tributan estas Provincias que tengo el honor de mandar, manifestando al mismo tiempo  quan satisfactorio sería para ellas que reconociendo V.A.R. el nuebo rango en que han creído deber considerarse, se hiciese asequible el entablecer relaciones comerciales baxo las bases que se juzgaren convenientes y cualesquiera otras del recíproco interés de ambas Naciones. Al mismo tiempo no puedo excusarme en exponer a V.A.R. que la conducta del referido Mr. Graaner en este País ha merecido el aprecio y la distinción de todos estos habitantes, y que llebe consigo este informe que le recomiende de su augusto Príncipe.

Tenga V.A.R. la bondad de aceptar los sentimientos y alta consideración que con este motibo logro poder ofrecer a V.A.R. y de proporcionare algún día el distinguido honor de acreditárselos.

Buenos Aires, septiembre de 1816

Juan Martín de Pueyrredón

Al Serenísimo Príncipe de la Corte de Suecia”.

 

La estadía de Graaner en Brasil no es inútil dado que también observa la situación política y el carácter de los brasileños en relación a los acontecimientos del Río de la Plata. Graaner llega a Estocolmo en mayo de 1817 con un informe redactado en francés para el príncipe Bernadotte, -quién todavía no dominaba el sueco- y agregó verbalmente algunas informaciones de importancia que no correspondía llevar al papel, conociendo la red de espionaje montada por los ingleses en todos los centros diplomáticos. Bernadotte se muestra impresionado por el informe y envía a Graaner nuevamente al Río de la Plata como delegado oficial, con la misión de establecer relaciones diplomáticas entre Suecia y las Provincias Unidas.

 

Ya en Buenos Aires Graaner agrega a su agenda de contactos figuras como el general San Martín, quien llegaba de sus triunfos militares en Chile. Precisamente en su diario personal, Graaner relata que era invitado con frecuencia por el suegro de San Martín, don Antonio Escalada, el mejor contacto para conocer a fondo y de primera línea, distintos aspectos del militar argentino.

 

El sueco era un hombre, además culto, curioso, con muchos deseos de conocer esta geografía y los lugares donde debía cumplir su importante misión. Con varias cartas de recomendación de San Martín visitó a los gobernadores de San Luis y Mendoza. En pleno invierno de 1818 atravesó los Andes nevados, rumbo a Chile; vivió distintas aventuras, pero logró llegar sano y salvo a la capital chilena, y reunirse con Bernardo O´Higgins, con quién no tardó en simpatizar. Recorrió Chile de punta a punta interiorizándose, -dado que era su especialidad- en las regiones mineras. Mediante una negociación logró el otorgamiento de una concesión para la explotación de unas minas. Pero, por alguna extraña razón, cuando sólo había transcurrido uno de los tres años en los que había calculado su misión, Graaner partió, vía Pacífico, rumbo a Suecia. Navegando por un mar con escasos mapas, dos veces estuvo a punto de naufragar entre los atolones. Descubrió con sus acompañantes varias islas nunca visitadas, se enfrentó con indígenas antropófagos, sufrió sed, hambre y junto con sus acompañantes, aguanto innumerables penurias. Cuatro meses y medio pasaron de su salida de Valparaíso para que el agente sueco llegara a la desembocadura del Río Ganges. Tantas penurias resintieron su salud que ya venía deteriorándose desde hacía más de un año. Estando en Calcuta pensó en tomar la ruta Persia, Turquía, Rusia y llegar a Suecia. Pero, por motivos aún desconocidos, cambió su itinerario, seguramente al advertir que los agentes británicos lo venían siguiendo cambió de ruta embarcándose en un navío inglés con destino a Londres.

 

¿Por qué decidió cambiar de ruta? Hasta el momento es un tema desconocido. Tal vez aparezca con el tiempo, algún escrito aún no encontrado. Lo cierto es que Graaner falleció el 24 de noviembre de 1819 a la altura del Cabo Buena Esperanza en el navío británico en el que se había embarcado…

 

El informe de Graaner



Dice Graaner en su informe a Bernadotte: “Espero que me valdrá como excusa, por las imperfecciones del ensayo y particularmente por el mapa adjunto, el hecho de que —me apresuro a manifestarlo— ambos han sido ejecutados en el Océano Atlántico sin el auxilio de un diccionario y sin los instrumentos necesarios para dibujar la carta, durante mi viaje desde el Brasil a Suecia, a bordo del barco más pequeño que, según parece, haya pasado del trópico austral por las costas del Báltico, desde que fue descubierto el Nuevo Mundo”.

 

Graaner dibuja ríos, montañas, sitios de interés y el camino de 50 y tantas postas desde el Río de la Plata hasta el Alto Perú, agregando en inglés –otro de los idiomas que dominaba- descriptivas semblanzas de las tierras que iba visitando en su viaje en coche, acompañado por el criado sueco. Rico en detalles, el inédito mapa de hasta hoy anónimo autor nos muestra la visión del extranjero sobre las gentes y lugares con una calidez de trato no habitual en los diarios de viajeros. Se nota en el sueco el cariño que le provocaron estas tierras.

 

Sus apuntes de viaje detallan lugares, flora y fauna, pero también son una ventana abierta a la cultura de los rioplatenses, en el amanecer de una nueva nación. Ese mapa esta construido con dos hojas adheridas de manera irregular, cuyas medidas son 144 x 67 cm, pegadas sobre un fondo de tela. Se halla algo dañado, con algunos bordes estropeados y manchas de barniz en el reverso. El propio Busaniche escribía en 1949: “El mapa adjunto… En la copia que me ha servido para esta traducción no figura ningún mapa. Es de creer que no se encuentra en el archivo donde está depositado el informe de Graaner”.

 

Decía que a las “praderas altas” tucumanas, “se mandan, en tropas, cantidad de excelentes caballos y mulas que se venden en el Perú”. Añadía que “por sobre estos campos, se ve planear en gran número esos pájaros famosos considerados como los mayores de su especie, que llaman en lengua de Cuzco ´cuntur’, y en Europa ‘cóndor’. Las lagunas y bañados están llenos de garzas, especie de cisnes, y los ríos abundan tanto en pescado que, por ejemplo, en el río de Santiago, no se puede beber el agua durante el mes de octubre, por el mal gusto que le produce la gran cantidad de peces que viven en el río”.

 

 

Anotaba que “los habitantes de la provincia de Córdoba son más industriosos que los de Tucumán”, y daba a nuestra ciudad una población de 7.000 habitantes. Mientras en Santiago del Estero había oído hablar “un dialecto muy dañado del español”, y en la gente del pueblo, “la lengua del Cuzco o quichua”, advertía que, en la zona de Tucumán, “el color de los habitantes se nota más claro, y decae la lengua quichua, hasta que en la ciudad puede oírse un castellano puro”. Decía que San Miguel de Tucumán estaba ubicada “en un valle delicioso, al pie de una

 

Ramificación de la cordillera, rodeada por naranjos, limoneros, higueras y laureles”.

 

“Los criollos –dice Graaner– o descendientes americanos de los españoles de Europa, forman la casta dominante de esta población, si bien más o menos confundida con la raza india o con los africanos” y hace una descripción “La política cruel e insensata de España, que consistía en dejar vegetar en la oscuridad u la ignorancia a los súbditos americanos para poder gobernarlos más a su arbitrio,  ha sido públicamente confesada y confirmada por varios ministros a quienes fueran confiados los asuntos del nuevo mundo. Este sistema vergonzoso fue fielmente observado durante tres siglos y casi todos los españoles establecidos en América lo adoptaron. Es tan sabido como digno de recordarse que los españoles europeos descuidaron a designio la educación de los niños nacidos en América y, más apegados a su patria de origen que a su propia familia, no era raro que prestaran su fortuna y su crédito a extranjeros venidos de España mientras sus propios hijos perecían en la indigencia o en el libertinaje, provenientes del abandono desolador en que vivían”. … Tiene nociones muy claras sobre principios de honor y de moral, es intolerante, carece de iniciativa y sus preocupaciones no van más allá del momento en que vive. Esclavo de sus mancebas, es mal administrador, y deudor moroso. Le gustan con locura los juegos de azar, las intrigas amorosas, la galantería española, el baile y la música. Rara vez encontraremos en él la buena fe y el sentimiento de gratitud por los beneficios recibidos que distinguen ventajosamente a los españoles del viejo mundo, pero es hombre sobrio, más por instinto que por economía. Exento de celos es en extremo hospitalario y en sus placeres no se advierte los vicios deshonrosos que manchan a su vecino, el criollo del Brasil. Es valiente sin fanfarronería y profundamente religioso. En sus maneras hay mucho de la dignidad española pero con menos austeridad. A pesar de su ignorancia, es inteligente y susceptible. En la Universidad de Córdoba, tanto los profesores como los estudiantes, se han consagrado llenos de curiosidad a casi todas las ramas científicas que les estaba prohibido cultivar antes de la Revolución. Pero faltos de buenos maestros y de libros, y teniendo que luchar de continuo contra la ortodoxia de los jefes de la iglesia, no pueden realizar grandes progresos. Yo obsequié a uno de los profesores que me pareció ávido de conocimientos, un ejemplar de la “Historia filosófica de las Indias” y lo recibió muy agradecido, pero dos días después me lo devolvió, diciéndome que no podía tener en su poder un libro que no se salvaría de la quema si era descubierto por los superiores del colegio”.

 

No se olvida de los indios: “La mayor parte de los indios convertidos de esta parte del país, se han refugiado durante las últimas gueras civiles más allá de los ríos de Santiago y del Salado, en las fértiles llanuras del Chaco. Los que quedan se muestran descuidados en extremo… Deben exceptuarse, sin embargo aquellos indios que fueron reducidos y bautizados por los jesuitas entre los ríos Paraná y Uruguay y sus cercanías, entre los 24 y 29 latitud meridional, y desde los 54 y los 57 de longitud occidental (de Londres)… Pero estos indios, a quienes se había

 

 Dejado su culto, su libertad y usos particulares (porque no pudieron ser estirpados) han permanecido bravos, generosos, sanos y robustos. Más de una vez estos salvajes, los que se les llama infieles se han ofrecido hasta en número de 20.000 para combatir contra los españoles a la cabeza de los americanos y su ofrecimiento ha sido rechazado a pretexto de dque la religión prohíbe incluir a los paganos bajo el sagrado estandarte de los católicos”.

 

Graaner y su visión de los próceres

 

A pesar del poco tiempo que Graaner estuvo en estas tierras, reflejó con sagacidad algunos rasgos de nuestros próceres, por ejemplo:

 

Manuel Belgrano:

 

“El general Belgrano –escribe en su informe– hijo de italianos, doctor en leyes, ex secretario de la tesorería de Buenos Aires, hombre de talento y energía, muy adicto al nuevo sistema americano, fue designado comandante en Jefe del ejército y se desempeño bien en esa tarea. Mantuvo una disciplina hasta entonces desconocida, ganó la batalla de Tucumán contra el general español Tristán, a quien obligó a retirarse hasta Salta, donde mediante marchas aceleradas lo sorprendió, lo encerró y por fin lo obligo a capitular. Después de esto entró nuevamente en el Perú. Allí mediante una buena disciplina, trató de reconciliar a los habitantes con sus tropas. En lo cual tuvo éxito y toda la audiencia de Charcas estaba en vísperas de unirse a su ejército cuando por falta atribuible a la inexperiencia, perdió la batalla de Vilcapugio y con ella todas las ventajas y todo el crédito adquirido hasta entonces en el Perú. Varios jefes desertaron y después de reconocer Belgrano ingenuamente, en su parte al gobierno, que la batalla se había perdido por sus disposiciones erróneas, fue separado del mando en que se confirmó a bajo la l general San Martín, hijo de francés, soldado de probada valentía, de franqueza verdaderamente militar, ciudadano virtuoso, severo en sus costumbres y en el oráculo de sus subalternos”.

 

“Poco después de producida la derrota de Belgrano… el general fue enviado a Londres en calidad de comisionado del gobierno de Buenos Aires. Una vez allí y después de cantidad de gestiones inútiles, llenáronle la cabeza con el proyecto de restaurar en América el antiguo trono de los incas (probablemente bajo la protección de los ingleses). Llegó Belgrano al congreso con esta idea, que le preocupaba por entero, precisamente en momentos en que el congreso se ocupaba de la forma de gobierno que podía darse a las provincias, y cuando estaban muy convencidos de las ventajas de una monarquía constitucional o moderada. Algunos de sus miembros se sentían muy inclinados a invitar a un príncipe joven de las dinastías que han dejado de reinar en Europa, siempre que el príncipe fuera protegido y secundado por alguna potencia de primer orden”.

 

“El general Belgrano exageraba un poco estas deliberaciones secretas y logró persuadir a la mayor parte de la Asamblea el restablecimiento del imperio de los incas, proyecto que a primera vista parece noble, examinado en sus detalles, y pensando en los intereses diversos de los habitantes, ofrece infinitos obstáculos y dificultades de que podrían resultar para el país muchas desgracias, guerras civiles y venganzas terribles que debilitarían sus fuerzas, facilitando con ello a los españoles la entrada en el corazón del país, por la desunión y los celos entre indios y criollos”.

 

José de San Martín:

 

 Tuvo la oportunidad de tratarlo y dejó una semblanza del militar:

 

“San Martín sirvió por algún tiempo en la última guerra en España y en Flandes a las órdenes del Marques de la Romana, como capitán de la Guardia Española. Por desgracia, una enfermedad que tuvo por causa de una caída del caballo, le impidió continuar por entonces en el mando, y este fue confiado, por desgracia todavía mayor, al general Rondeau, recién llegado del sitio de Montevideo”.

 

“San Martín es un hombre de estatura mediana, no muy fuerte, especialmente la parte inferior de su cuerpo, es más bien débil que robusta. El color del cutis algo moreno con facciones acentuadas y bien formadas. El óvalo de la cara alargado, los ojos grandes de color castaño, fuertes y penetrantes como nunca he visto. Su peinado, como su manera de ser, en general, se caracterizan por su sencillez y es de apariencia muy militar. Habla mucho y ligero, sin dificultad o aspereza, pero se nota cierta falta de cultura y conocimientos de fondo. Tiene un don innato para realizar planes y combinaciones complicados. Es bastante circunspecto, tal vez desconfiado, prueba de que conoce bien a sus compatriotas. Con los soldados, sabe observar una conducta franca, sencilla y de camaradería. Con personas de educación superior a la que él posee, observa una actitud reservada y evita comprometerse. Es impaciente y rápido en sus resoluciones” … “Algo difícil de fiarse en sus promesas, las que muchas veces hace sin intención de cumplir. No aprecia las delicias de una buena mesa y otras comodidades de la vida, pero por otro lado, le gusta una copa de buen vino. Trabaja mucho, pero en detalles, sin sistema uy orden, cosas que son absolutamente necesarias en esta situación recientemente creada. Hay motivos para reprocharle no haber actuado con energía y aprovechado las victorias que sus tropas han ganado en Chacabuco y Maipú. Es difícil juzgar si esto tiene su origen en falta de energía o en intrigas políticas, demasiado complicadas para exponer aquí”. … “Sus costumbres y sus hábitos de vida sencillos, lo han hecho sumamente popular”.

 

José Rondeau:

 

Graaner relata con detalle el sufrimiento al que estaba sometido el soldado criollo, sus uniformes en malas condiciones, pero sí emite una crítica a la corrupción que dominaba en cierta oficialidad como por ejemplo el general Rondeau.

 

“Al general Rondeau le hice una visita en su campamento cerca de Jujuy, a 432 leguas de Buenos Aires, en vísperas del día en que esperaba ser atacado. Me recibió en su tienda de campaña donde estaba instalado de una manera verdaderamente oriental, con todas las comodidades de un serrallo (harén…). Entre multitud de mujeres de todo color, me obsequió con dulces diciendo que en un país tan devastado y en víspera de un día de batalla, debía excusarlo si no podía ofrecerme los placeres que pueden encontrarse en un cuartel general en Europa. Chocado yo por la ostentación con que trataba de exhibir su lujo amanerado, le respondí que por el contario me sentía muy sorprendido ante todo lo que tenía delante de mí, y que recordaba haber visto al libertador de Alemania, general en jefe de ciento veinte mil soldados, la noche precedente a unos de sus días de triunfo, acampado sobre el suelo húmedo, al abrigo de un molino de viento y mientras caía una lluvia continua, en la mala estación de un clima muy diferente al del trópico austral.

 

Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el comando de tropas, se encontró con que cada oficial mantenía una o varias mujeres en el campamento y que el equipaje de un subalterno ocupaba a menudo de 30 a 36 mulas. Actualmente todo ha cambiado: cantidad de oficiales han sido dados de baja, las mujeres y las mulas de equipaje han desaparecido de la escena; las comedias, los bailes, y los juegos de azar han sido desterrados. Todos esos abusos se habían dejado sentir bajo el comando del general Rondeau, pero en las tropas del severo general San Martín no han sido nunca toleradas”.

 

Antonio González Balcarce:

 

“Al salir de la casa de O´Higgins me fui a hacer una visita al general Balcarce, jefe interino que tuve ocasión de conocer hace dos años en Buenos Aires siendo Director interino. Este general, a pesar de su juventud, es un jefe lerdo, (borne) y sin energía, cuyo mérito principal consiste en haber ganado la primera batalla sobre los españoles en la primera campaña de 1810, en Tarija (Suipacha). Y basta de comentarios sobre este genera que fuma y dormita…”

 

Su mirada sobre los agentes británicos

 

“Los agentes del ministerio inglés en América, han cambiado de conducta y de lenguaje según las circunstancias. En 1810, cuando temían que la América Española reconociera a la dinastía francesa, mostraron empeño en animar a las nuevas juntas establecidas en la mayoría de las ciudades principales: por eso ahora, cuando se considera que a despecho de todas las protestas del Consejo de Regencia de Cádiz, comenzaron en ese año las revoluciones de Cartagena, de Caracas, de Santa Fe de Bogotá, de Portobelo, de Quito, de Buenos Aires, de Santiago de Chile, etc., uno no puede menos que conjeturar que todas esas convulsiones fueron provocadas por la misma potencia extranjera que, en secreto, ofrecía socorros, porque no hay que imaginar que haya existido nunca suficiente armonía o inteligencia entre esas provincias, tan aisladas unas de otras, como para concebir y organizar de consumo el plan de una revolución general.

 

Por el contrario, se advierte por hechos dignos de fe, que en cada país se ignoraba los movimientos del otro, y sin embargo pudo observarse una semejanza sorprendente en la formación de esos diversos gobiernos, casi todos al mismo tiempo; cuando quizás hubiera habido razón para esperar que eso diversos estados (tan activos por sí mismos) se hubieran dado constituciones análogas al espíritu y al carácter general de cada región, que varía, sin duda, infinitamente desde el golfo de México hasta la frontera de la Patagonia. Esta suposición resulta todavía más verosímil si estamos en lo que dicen algunos documentos oficiales sobre la cuestión.

 

El gobernador inglés de Curazao, al felicitar a la nueva junta de Carapas por el cambio feliz de su gobierno (en una carta del 14-5-1810) ofrece socorros y armas, sin exigir pago alguno, exige prerrogativas para el comercio inglés y asegura que ha despachado ya, a propósito de ese asunto, un correo a la corte de Londres. Lord Strangford, ministro plenipotenciario en la corte de Brasil, más fino y reservado, en carta del 6 de junio del mismo año, aprueba francamente las sabías medidas de la Junta de Buenos Aires para conservar la integridad de las Provincias del Río de la Plata y declara que lamenta infinito ignorar la opinión de su corte sobre ese punto; exhorta al mismo tiempo a la junta a deshacerse de los sospechosos de favorecer el sistema francés y promete hacer lo posible para servir a la causa de los americanos ante su gobierno, siempre que aquellos permanezcan fieles a su soberano…

 

En una nota del 30 de septiembre, el gobierno de Chile, con la sencillez característica de su país, interrogó a la Junta de Buenos Aires sobre las verdaderas intenciones de los ingleses y sobre el género de socorros que habían prometido los ingleses, porque deseaban conseguirlos para el puerto de Valparaíso, a la posible brevedad. Pero yo no terminaría de enumerar todas las pruebas que se tienen del vivo interés con que los ingleses estimularon los primeros movimientos del cambio político ocurrido en las colonias españolas.

 

A partir de 1813, parece que Inglaterra, estrechamente aliada con España (cuyo comercio le resulta muy ventajoso) ha abandonado completamente la dirección de los negocios políticos del Nuevo Mundo, el rechazo de sus productos al que ahoga por el rechazo de sus productos, reteniéndole fraudulentamente el oro y la plata. En Buenos Aires residen ahora un cónsul y treinta y cuatro comerciantes ingleses (espías…?); y siempre una fragata y una corbeta, ancladas en la rada para proteger al comercio inglés y a sus agentes…”.

 

Respecto a la declaración de la independencia, estuvo presente en la sesión del 9 de julio de 1816. “Esta declaración fue recibida con el mayor entusiasmo, y solamente después de tal acontecimiento ha podido advertirse actividad en las ramas de la administración de los negocios públicos”. Tenía “la esperanza de ver algún día estas provincias organizadas en cuerpo de nación”.

 

 

Oficio de Pueyrredón sobre el oficial sueco Graaner (AGN)

 


Gracias a Graaner, poseemos una colorida crónica de la aclamación que el pueblo tributó, a la declaración del 9, el 25 de julio, en el Campo de las Carreras. “Ese fue, narra, el día fijado para la celebración de la independencia en la provincia de Tucumán. Un pueblo innumerable concurrió en estos días a las inmensas llanuras de San Miguel. Más de 5.000 milicianos de la provincia se presentaron a caballo, armados de lanzas, sables y algunos fusiles; todos con las armas originales del país, lazos y boleadoras”.

Lo impresionaron “las lágrimas de alegría, los transportes de entusiasmo que se advertían por todas partes”. Dieron a esta ceremonia “un carácter de solemnidad que se intensificó por la feliz idea que tuvieron de reunir al pueblo sobre mismo campo de batalla donde, cuatro años antes, las tropas del general español Tristán, fueron derrotadas por los patriotas”. Y “allí juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos más precioso, la independencia de la patria”.

Agregaba que “todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me esperaba. Después que el gobernador de la Provincia (Bernabé Aráoz) dio por terminada la ceremonia, el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia, prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional, gobernado por los descendientes, que todavía existen en el Cuzco, de la familia imperial de los Incas”.

 

El informe presentado por Graaner está lleno de datos geográficos, conceptos sobre las personalidades y próceres de nuestra historia, una descripción sociológica de sus habitantes y apreciaciones sobre los agentes británicos, la política portuguesa y no podemos ignorar que su autor sólo fue un turista curioso. Un simple viajero no hubiera puesto tanto cuidado, como lo tuvo Graaner, por acercarse a personas y lugares importantes. Es evidente que el sueco tenía una misión, -informar a Bernadotte, y al zar Alejandro I- de su viaje al Río de la Plata, y la cumplió en todo sentido…

 

 

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