jueves, 22 de octubre de 2026

"Belgrano y su mensaje a las nuevas generaciones" por el Consejero Académico Sr. Alejandro Fabián Fensore



"Belgrano y su mensaje a las nuevas generaciones"

 

Por el historiador Alejandro Fabián Fensore

Consejero Académico

 

 Conferencia de ingreso

Salón Manuel Belgrano

21 de octubre de 2026


En estos tiempos actuales, se ha vuelto muy necesario el conocimiento de la historia, pues a nivel mundial, el pasado está cayendo paulatinamente en el olvido. Es por esta causa que los historiadores hacemos denodados esfuerzos en divulgar el pretérito a través de conferencias, publicación de trabajos en diferentes medios, y en la escritura de libros. 

En agosto de este año, he lanzado mi libro titulado “Apostillas y Datos Curiosos de la Historia Argentina: Revolución e Independencia”, dedicado a esta época gloriosa y a personajes fundamentales como San Martín y Belgrano. En el prólogo, reproduzco unas palabras del Historiador británico Eric Hobsbawm que me parecen relevantes: “El ser humano crece en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven”. También transcribo unas palabras del escritor Roger Garaudy, expresando que “la crisis de esta época se debe a la pérdida de memoria de la humanidad: el mundo está loco porque la gente se ha vuelto amnésica”. 

Es por ello que, como antídoto contra la amnesia y la falta de relación del presente con el pasado, deseo en esta entrada a la Academia Belgraniana de la República Argentina, referirme al mensaje que desde el túnel del tiempo don Manuel Belgrano pregona a las nuevas generaciones. A continuación, describiré los distintos mensajes que nuestro prócer nos transmite.


Honestidad y desprendimiento

Belgrano ha dado innumerables muestras de su honestidad y desapego a lo material. En carta al Primer Triunvirato, cuando fue nombrado comandante del Regimiento de Patricios, el 15 de noviembre de 1811 expresa: “Ofrezco la mitad del sueldo que me corresponde, siéndome sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son ningunas y mi subsistencia pende de aquél, pero en todo evento sabré también reducirme a la ración de soldado, si es necesario, para salvar la justa causa que con tanto honor sostiene V.E.”.

Esta renuncia a su salario también la hizo en 1810 diciendo: “Renuncio a mi sueldo de vocal de la Primera Junta de Gobierno porque mis principios así me lo exigen”.

El creador de la bandera, consideraba que aquellos que tenían una función de gobierno debían ser transparentes y dar el ejemplo. Es por ello que en su autobiografía escribía: “Nada importa saber o no la vida de cierta clase de hombres que todos sus trabajos y afanes los han contraído a sí mismos, y ni un solo instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual fuere, debe siempre presentarse, o para que sirva de ejemplo que se imite, o dé una lección que retraiga de incidir en sus defectos”.

A pesar de inconvenientes y tropiezos, Belgrano nos enseña el camino diciendo: “A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuento he podido y jamás he faltado a mi palabra”. Además, sostenía: “Me glorío de no haber engañado jamás a ningún hombre y de haber procedido constantemente por el sendero de la razón y de la justicia, a pesar de haber conocido la ingratitud”.

En síntesis: Belgrano nos enseña a ser honestos, a no mentir, a ser desprendidos en beneficio de los demás y a ser siempre transparentes en nuestro proceder.


La educación como motor

Se sabe que la educación es la transmisión de conocimientos, valores, habilidades, hábitos y creencias de una generación a otra. Es un derecho básico para el desarrollo humano y la igualdad social. Belgrano lo tenía muy claro cuando decía: “Sin educación en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos”. Don Manuel también donó parte de su librería a la Biblioteca Nacional fundada por Moreno, y se lo puede considerar el verdadero padre de la escuela primaria argentina, antes que las iniciativas de Sarmiento y Rivadavia. En su puesto de Secretario del Consulado, y luego como Vocal de la Primera Junta, impulsó la creación de numerosas escuelas de dibujo, matemáticas, agricultura, náutica, etc. Con un premio de $ 40.000.- fuertes que le fueron otorgados por su victoria en la batalla de Salta, Belgrano dispuso que los mismos se destinaban a la creación de 4 escuelas en Tarija, Tucumán, Jujuy y Santiago del Estero. Para estas escuelas, Belgrano redacta un reglamento y puede decirse que su contenido es un verdadero mensaje a las nuevas generaciones, cuando expresa:  “El Maestro procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos, inspirar a sus alumnos, amor al orden, respeto a la Religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la virtud, y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que diga a profusión y luxo en el comer y vestir, y demás necesidades de la vida, y un espíritu Nacional, que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de Americanos que de Extranjero”.

Belgrano nos habla desde el pasado, marcando los pasos a seguir como argentinos. Y nos marca como punto esencial la educación. La educación es un derecho humano fundamental que empodera a las personas, reduce la pobreza y fomenta el desarrollo sostenible de las sociedades. En la sociedad, la educación trae como beneficios:

 Igualdad y cohesión social: Ayuda a nivelar las desigualdades económicas y sociales, promoviendo la movilidad social.

 Fortalecimiento democrático: Impulsa el respeto por los derechos humanos, la paz, el estado de derecho y una ciudadanía activa.

 Innovación y ciencia: Estimula la creatividad y el desarrollo tecnológico para plantear soluciones a los problemas del entorno.


Compromiso y patriotismo

Belgrano siempre privilegió el bienestar común y la libertad de la nación. Algunas frases nos muestran la veracidad de lo expresado anteriormente. 

“La vida es nada, si la libertad se pierde”. “No busco glorias sino la unión de los americanos la prosperidad de la patria”. «Mucho me falta para ser un verdadero padre de la Patria; me contentaría con ser un buen hijo de ella.”

«Mucho me falta para ser un verdadero padre de la Patria; me contentaría con ser un buen hijo de ella.” “Sirvo a la Patria, sin otro objeto que verla constituida; es el premio al que aspiro´”.

“Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes ante mi vista”.

Hay que resaltar que Belgrano se hizo militar sin serlo, y avanzó siempre a pesar de sus enfermedades: eso es compromiso y amor por la patria (características esenciales que el prócer transmitió a los argentinos).


Humildad y sencillez

Por el bien de su patria, nunca le importó su beneficio personal y la ostentación. Su modestia y sencillez son de antología.

Su amigo Celedonio Balbín relata en sus memorias: “Era tal la abnegación con que este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo; nunca buscaba su comodidad, con el mismo placer se acostaba en el suelo que en la mullida cama...Se hallaba siempre en la mayor escasez... Lo he visto tres o cuatro veces, en diferentes épocas, con las botas remendadas...El General era muy honrado, desinteresado, recto...”.

Es necesario destacar que Manuel Belgrano entró siendo rico a la función pública, y salió de ella pobre: tan pobre, que cuando murió, hubo que improvisar una lápida de urgencia con un mármol de un mueble perteneciente a su hermana, porque no había dinero alguno. Belgrano falleció sumido en deudas, y en sus últimos días tenía que dar clases de idiomas mediante avisos en diarios clasificados, pues se le adeudaban sueldos.

Sin embargo, su único objetivo era el bien de su amada patria. Nuestro prócer nos transmite que la patria se defiende con humildad, y dando siempre el ejemplo. No hace falta tener opulencia ni ostentar: se trata de tener empatía hacia el semejante. Belgrano nos deja como mensaje que hay que llevar, al igual que él, una vida recta con buenos principios, y difundir el establecimiento de buenas costumbres.


Su visión de futuro

La visión de futuro destaca la capacidad extraordinaria de una persona para anticiparse a los cambios, identificar oportunidades donde otros no ven nada y trazar un camino claro hacia el éxito a largo plazo. No se trata solo de soñar, sino de tener la claridad estratégica para convertir una idea abstracta en una realidad alcanzable. Belgrano ha sido un adelantado. Manuel Belgrano es considerado por historiadores y analistas como el primer precursor del ecologismo y la defensa del medio ambiente en Argentina, mucho antes de que existiera el concepto moderno de ecología. Los principales aspectos de su visión son:

 Defensa de los recursos naturales: Como Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires (desde los 23 años), denunció en sus memorias anuales la destrucción y depredación de los reinos vegetal, animal y mineral.

 Alerta contra la deforestación: Advirtió sobre los peligros de la tala indiscriminada y promovió planes de forestación y reforestación para regular el agua, mejorar los suelos y mitigar los cambios climáticos.

 Influencia fisiócrata y científica: Su pensamiento estuvo fuertemente inspirado en la fisiocracia (que consideraba a la tierra y la agricultura como la verdadera fuente de riqueza de las naciones) y en las ideas del naturalista alemán Alexander von Humboldt.

 Extensión rural y educación: Propuso proyectos para capacitar a la población en el cuidado de la tierra, el cultivo sostenible y el uso de plantas nativas, además de impulsar la agricultura racional.

Belgrano es también tenido en cuenta como el precursor de la igualdad de género en estas tierras. Las ideas principales de su pensamiento son:

 Acceso a la educación: En el periódico Correo de Comercio, Belgrano sostuvo que las mujeres debían salir de la ignorancia, aprender letras y aritmética, e ingresar a la educación en igualdad de condiciones para poder formar a los futuros ciudadanos.

 Autonomía económica y laboral: Propuso la creación de escuelas gratuitas y oficios para niñas con el fin de evitar la ociosidad y permitirles ganar su propio sustento de manera decorosa, de modo que no dependieran económicamente de un hombre.

 Libre elección de pareja: Cuestionó los matrimonios arreglados y defendía que las mujeres debían tener la libertad de elegir con quién casarse.

 Reconocimiento militar: Durante las campañas de la Independencia, integró y reconoció el valor de mujeres en su ejército, destacando figuras como Juana Azurduy y María Remedios del Valle (a quien nombró capitana).

Los historiadores señalan que, si bien no formuló un feminismo en el sentido moderno, su propuesta de educar a las mujeres y darles un espacio público y económico era sumamente revolucionaria para una sociedad colonial y patriarcal.

Manuel Belgrano es reconocido oficialmente como el primer precursor e impulsor de la actividad aseguradora en la Argentina.

 15 de junio de 1796: En su carácter de Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires, Belgrano redactó y leyó una célebre memoria institucional (“Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio”) donde propuso de manera formal la creación de una compañía de seguros local (en ocasiones referida en los anales como La Confianza) para amparar el comercio y la producción frente a los riesgos de la navegación y la crisis fiscal.

 Visión económica y doctrina: Formado en España en ciencias económicas y derecho, Belgrano entendía al seguro no solo como una herramienta de amparo patrimonial para los particulares, sino como un pilar fundamental de la política económica para reducir la incertidumbre, movilizar capitales e impulsar el desarrollo del país.

El mensaje que el creador de la bandera deja a las generaciones es muy transparente: tener una visión de futuro, con el objetivo de beneficiar a la patria y sus habitantes.


Conclusión:

El mandato para las nuevas generaciones

Como digo en mi libro de reciente aparición: “Se dice que no hay patria sin historia y que es la conciencia del propio ser. No hay nacionalidad sin una idea sobre su vocación y su destino. No puede existir un país que reniega de sus orígenes y sus próceres". “. Si conocemos y aprendemos el legado de nuestros referentes, seremos mejores ciudadanos y mejores argentinos".

Queridos argentinos, queridos colegas: ¿Cuál es, entonces, el mensaje que Belgrano nos dejó?

Belgrano nos demostró que no se necesitan armas para ser revolucionarios, se necesitan ideas, valores y coraje. El mensaje para las nuevas generaciones es que la patria no es algo que se mira en el pasado; la patria se construye todos los días en el presente.

Hoy, levantar la bandera de Belgrano no es solo cantar el himno. Es estudiar y trabajar con compromiso, es defender la verdad, es proteger el medio ambiente, es tenderle la mano al que menos tiene y es negarse a ser indiferentes ante las injusticias.

Manuel Belgrano no buscaba la gloria. Él mismo lo dijo: “Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo... pero sé que mis esfuerzos no han de ser inútiles”. No permitamos que sus esfuerzos sean inútiles. Tomemos su antorcha. Seamos los profesionales, los estudiantes, los trabajadores y los ciudadanos honestos que él soñó.

La patria que él fundó nos sigue necesitando.

Muchas gracias.


Fuentes consultadas:

Libros:

- Fensore, Alejandro: “Apostillas y datos curiosos de la historia argentina: Revolución e Independencia”. Abarcar Ediciones (2026).

- Fernandez, Belisario-Castagnino, Eduardo Hugo: “Guión Belgraniano”. Ediciones La Obra (1962).

- Luna, Félix. “Manuel Belgrano”. La Nación.(2004).

- Mitre, Bartolomé. “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina. Losada. (1950).

- Pigna, Felipe. “Libertadores de América”. Booket.(2014).


Revistas y folletos:

- Revista “Todo es Historia”. Nª 38 (Junio 1970).

- “Textos de ayer para la Argentina de mañana: Manuel Belgrano”. Folleto que acompaña a la Revista “Viva”. (2002).

- Boletines del Instituto Belgraniano de San Miguel (Diferentes números).

miércoles, 7 de octubre de 2026

"La historia más allá de la historia" disertación de la Dama Belgraniana Lic. Ana Jover



"La historia más allá de la historia"

Por la Lic. Ana Jover

Dama Belgraniana

 

 Conferencia de ingreso

vía streaming

7 de octubre de 2026


Mi nombre es Ana Jover, nacida en Madrid, España en 1982. Soy descendiente directo de Santiago de Liniers (Abuelo en sexta generación). Psicóloga de profesión, ciudadana Argentina desde 2017.

La historia de mi vida, me hace confirmar que nuestra sangre está llena de vida y de memoria ancestral. Mi vínculo con Liniers comenzó hace casi ya 10 años con unos sueños que me hacían despertar de madrugada con cierta agitación. Mi capacidad de psicoanalizar los sueños me llevó a él.

Soy de las nietas pequeñas de mi familia Liniers, nunca hablé mucho con mis abuelos, pero recordaba esa frase que nos gustaba a veces repetir en el cole, mi tatarabuelo fue “Virrey de Argentina”, sin entender tampoco su significado pero que te hacia quedar como importante o de la realeza. Pero esa frase solo quedo guardada en mi inconsciente, sin más trascendencia, no entendía su importancia y me parecía que quedaba muy lejos en el tiempo como para darle más atención a lo largo de mi vida de estudiante.

Pero la consecución de aquellos sueños me llevó a buscar por internet información, cualquier información que hablara de él.

Como todo libro histórico cuenta lo más representativo, y es justo esto lo que más me impactó, pues, aunque fuera a nivel simbólico en cierta manera estaba siguiendo los pasos de Santiago Liniers, como digo a nivel simbólico.

Por más que haya leído fragmentos de la historia de Liniers, mi cerebro tiene esa discapacidad amorosa de no guardar dichos datos ¡siempre me enfoque por las ciencias naturales!

Aunque no estamos aquí para hablar de mí, sí que es importante poner en contexto a los lectores u oyentes, de mi historia.

En noviembre del 2017, tomé la decisión de dejarlo todo y venirme a Argentina con mi primera hija (que al igual que el primogénito de Liniers, nació en Málaga y de allí se vino a vivir a Argentina… como yo estaba haciendo mientras conocía su historia), que para aquel entonces ella tenía tres años. 

Cuando mi hija comienza a ir al jardín empiezo a implicarme en su educación, un tema que siempre me había generado mucha inquietud a la hora de ser madre: ¿Qué información se les da a los niños? ¿Cómo y para qué?

A finales del 2019, nace mi segunda hija. Empezó a llamarme la atención tantos actos patrios desde tan pequeños, repitiendo una y otra vez las mismas palabras, llenas de conceptos y frases fuera de lugar: Libertad, la patria, fuera los españoles. Momentos incomodos para mi hija la mayor, quien acabó generando un resentimiento contra sus raíces, y en mí una gran pregunta: ¿Dónde estaba Liniers en la historia argentina? Jamás escuche en la escuela ninguna mención histórica.

Finalmente, mi discapacidad por entender la Historia, en verdad es un Don, pues creo que la Historia está escrita por quien escribe la Historia, depende del escritor y de sus intenciones y no tanto de los hechos. En esto hay mucha psicología detrás, ya que ante un mismo acontecimiento un grupo de personas va a experimentar realidades muy diferentes, en función de sus creencias, valores, circunstancias.

Por suerte pude inculcarles a mis hijas el gusto por leer, somos socias de la biblioteca del pueblo y todas las noches les leo un fragmento del libro elegido. Gracias a ello he tenido la oportunidad de ver otra Historia de la Argentina más allá de la escuela y su información fragmentada, interpretada y sacada de contexto. He podido disfrutar de la Historia en su carácter más humano, porque detrás de cada batalla, conquista o revolución, hay personas, hombres, mujeres con familias, sentimientos, emociones…y es así como me vinculé con Liniers, como hombre, marido, padre, amigo, con emociones, sueños, obligaciones, conflictos, y por qué no…pataletas. Poder mirar la Historia más allá de la Historia me hizo interesarme por ella, por ellos.

Al ir creciendo mis hijas íbamos eligiendo libros con más contenido y menos dibujos, y por algún extraño motivo Manuel Belgrano era siempre el elegido para ver que escondían sus páginas, y no lo voy a negar, esperando que en algún momento apareciera alguna referencia de Liniers. Sin proponerlo, nos implicamos emocionalmente con Manuel y no me avergüenza reconocer que hasta he llorado con su historia.

A través de Belgrano descubrimos historias y personas que no se mencionan en la escuela, y que para mí sí son referentes con muchos mensajes para aportar a los niños y niñas desde su infancia. Me van a disculpar por no poder dar referencias bibliográficas, nunca pensé que podría ser relevante.

En el último libro que leímos encontramos a Pedro Río el Tamborcito de Tacuarí, ya solo mencionarlo me emociona la historia. Pedro, un niño correntino de apenas 12 años que se sumó a la expedición militar de Belgrano hacia el Paraguay en 1810, cumplía la función de guiar a un oficial no vidente y tocar el tambor militar para marcar el ritmo de avance y dar aliento a las tropas en combate. En la batalla de Tacuarí (1811), se negó a abandonar su puesto a pesar del peligro. Siguió tocando el tambor para que sus compañeros no perdieran el orden hasta que dos balas enemigas le quitaron la vida en el frente de batalla.

En aquel libro, citaba cómo le afectó emocionalmente a Manuel Belgrano este acontecimiento… Pasan cosas en cada batalla, y parece que los héroes, los soldados, son fríos y aguerridos, y pese a quien le pese, son seres humanos, adiestrados, pero están hechos de lo mismo que usted y yo, y que sus emociones y conflictos no resueltos, afectan a su salud…

Nos encontramos con otro gran descubrimiento “Las Niñas de Ayohuma”: María Remedios del Valle, y sus dos hijas que la acompañaron activamente bajo las balas de la batalla de Ayohuma en 1813, arriesgando la vida a la par de ella para asistir a las tropas.

María Remedios una mujer valiente, decidida, combatió en el frente de batalla, curó a los heridos, fue prisionera de los españoles y azotada públicamente por ayudar a escapar a los oficiales patriotas. Belgrano la nombró Capitana de su ejército y los soldados la bautizaron como la Madre de la Patria.

Pero saben lo que más me emocionó de este último libro que no pude citar, que, en los últimos días de vida de Manuel Belgrano, él estaba solo, pobre, enfermo, años después de todo lo que hizo, por todo lo que lucho, veía cómo había perdido valor, al final el problema no eran los españoles, eran los hombres y sus deseos de poder, luchas políticas en donde la libertad tomo otros sentidos no tan dignos.

Belgrano un hombre al que yo le atribuiría la condición de “Holisitico” entrecomillas, pues tenía grandes influencias españolas, estudio allí Derecho. Cuando ingresó a la Universidad de Salamanca para estudiar Leyes a fines de la década de 1780, tuvo que cumplir con una estricta tradición académica de la época: prestar un juramento solemne en latín de defender y venerar el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. España era la gran abanderada de esta doctrina mariana, y sus universidades exigían este compromiso a todos los estudiantes de derecho y teología. Belgrano se graduó y profundizó sus lazos religiosos incorporándose formalmente como miembro de la Congregación Mariana. El distintivo oficial de esta congregación era, precisamente, una cinta celeste y blanca. He aquí otra gran revelación maravillosa, del sentido de la bandera argentina, cuando Belgrano crea la bandera a orillas del río Paraná, la Revolución de Mayo todavía gobernaba formalmente a nombre del rey legítimo Fernando VII, quien estaba preso de Napoleón Bonaparte. Al usar los colores celeste y blanco (los de la dinastía de los Borbones), Belgrano enviaba un doble mensaje:

Hacia el exterior: Mostraba que el Río de la Plata no era un foco anárquico, sino una región que resguardaba los derechos del rey legítimo frente a la usurpación francesa.

Hacia el interior: Le daba al pueblo y a los soldados una identidad visual unificada, diferenciándose del color rojo que usaban las tropas realistas de España que venían a reprimir la revolución.

Sigo desarrollando este término Holístico que, personalmente, le otorgo a Belgrano.

Aunque fuera una estrategia política, en el congreso de Tucumán 1816, Manuel expuso su “Plan Inca”, tener en cuenta el origen de estas tierras para mi es algo que me une con él, es el encanto que para mi tiene América, “Las Indias”. Se dice mucho que Argentina no tiene Historia, cuando se compara con Europa, pero no es cierto, ya que antes de que llegaran las colonizaciones, existían hombres y mujeres, con sus tradiciones y sus historias y su conexión y respeto con la naturaleza y la vida.

Ya en 1810 redactó el Reglamento para los pueblos de las Misiones, 30 artículos destinados a los pueblos guaraníes que habían quedado desamparados tras la expulsión de los jesuitas, declarándolos como hombres libres e iguales a los criollos.

Mientras miraba la historia a través de los ojos de Manuel, me preguntaba si se sentiría orgulloso al ver que a la bandera se le incorporó el sol Inca, como reconocimiento por todo lo que luchó. Y al final la respuesta es agridulce: Belgrano sintió un profundo orgullo por los triunfos militares logrados bajo esa bandera, pero vio con dolor que el símbolo no alcanzaba para pacificar el territorio. Poco antes de morir, viendo que las provincias se desangraban peleando entre Buenos Aires y el Litoral, pronunció su famosa y dolorosa última frase:¡Ay, Patria mía!. Sentía que todo el esfuerzo había sido en vano porque los argentinos habían cambiado un tirano extranjero por una guerra entre hermanos.

La libertad y la paz prometidas no llegaron, y el proyecto de integración con los pueblos originarios fue el primero en ser sacrificado:

El olvido del Plan del Inca: Tras la muerte de Belgrano y el alejamiento de San Martín, la élite gobernante de Buenos Aires archivó por completo cualquier idea de reivindicación andina. El espíritu del Reglamento de Misiones de 1810 (que les daba tierras y derechos a los indígenas) fue sepultado. Pocas décadas después, el Estado nacional consolidó su territorio mediante campañas militares de despojo y exterminio, como la denominada Campaña del Desierto, haciendo exactamente lo contrario a lo que Belgrano había pregonado.

Los últimos años de vida de Manuel, estuvieron marcados por la tristeza, la pobreza y la frustración al ver cómo el sueño de una patria unida, justa y libre se desmoronaba en una sangrienta guerra civil.

El último libro de Belgrano que leí a mis hijas, dejo en mi mente una imagen, en donde se describía precisamente esos últimos días, enfermo, en su casa, solo, casi que socialmente olvidado, sin embargo, aparece en escena María Remedios del Valle para despedirse de él y reconocer su existencia… Los héroes y heroínas se reconocen entre ellos y jamás olvidan sus vínculos creados desde el corazón y no solo desde las victorias públicas. Mientras imaginaba esta escena emocionada, me decía a mi misma, hay esperanza para la humanidad.

Con toda esta revolución emotiva en mi cabeza sobre la Historia Argentina volví a buscar a Liniers, queriendo saber si se encontró con Belgrano, en qué punto de la historia, cuándo, cómo….

Y aquí encontré mi corazón y mi cabeza tratando de llegar a un acuerdo: Santiago de Liniers y Manuel Belgrano se conocieron profundamente, trabajaron juntos en Buenos Aires, intercambiaron información clave y compartieron momentos históricos fundamentales. Sin embargo, la revolución terminó poniéndolos en veredas opuestas de manera trágica.

Se podría resumir su relación en tres partes claves de la Historia:

1. Las Invasiones Inglesas (1806-1807)

Momento en que más interactuaron.

Tras la reconquista de Buenos Aires liderada por Liniers en 1806, Manuel Belgrano (que era abogado y no militar) decidió prepararse para el inminente contraataque británico. Se unió formalmente a las fuerzas que organizaba Liniers. Primero fue sargento mayor del Regimiento de Patricios, tras algunos conflictos internos con otros oficiales, Belgrano renunció y se puso directamente a las órdenes de Liniers, sirviendo como su ayudante de campo oficial en los combates de 1807.


2. El Consulado de Comercio y la política colonial

Como Liniers fue nombrado Virrey del Río de la Plata por su heroísmo, Belgrano (que era el Secretario del Consulado de Comercio) mantenía comunicación constante con él. Manuel, junto a otros criollos, apoyaba la gestión de Liniers frente a los comerciantes españoles más conservadores (liderados por Álzaga). Intercambiaban información y proyectos económicos para abrir el puerto al comercio, algo que Liniers a veces facilitaba bajo presión o necesidad.


3. El trágico quiebre de 1810

La Revolución de Mayo rompió este vínculo de manera drástica: Belgrano pasó a ser vocal de la Primera Junta patria.

Cuando se enteraron de que Santiago de Liniers estaba organizando una contrarrevolución realista desde Córdoba para frenar el movimiento de Mayo, la Junta emitió una orden estricta: fusilar a los conspiradores.

Aunque Belgrano sentía respeto y afecto por su antiguo jefe militar de las Invasiones Inglesas, priorizó la causa revolucionaria y firmó la orden de fusilamiento de Santiago de Liniers, quien fue ejecutado en Cabeza de Tigre en agosto de 1810. (Lugar donde he podido estar por dos veces, con gran orgullo y emoción, transformando la Historia)

Ante esta decisión de Belgrano para con mi abuelo ancestral, no me quedó otra que entender que la Historia no se puede entender, solo se puede aceptar, porque la mentalidad de hoy y sus circunstancias no es la misma que la de hace más de 200 años.

Llegando a este punto tan emotivo para mí, en lugar de dejarlo descansar en paz, mi emotividad me llevo a querer saber, qué pasó en Buenos Aires ante tal noticia, había mucha gente que quería y apoyaba a Liniers, que pasó en la ciudad de buenos Aires, cómo reaccionó, y qué paso con sus hijos que no pudieron velarlo? Estas cuestiones tampoco son comentadas popularmente….

La reacción del pueblo de Buenos Aires ante el fusilamiento de Santiago de Liniers fue de un profundo e impactante silencio, mezclado con terror y consternación. Liniers era el Héroe de la Reconquista. Había liderado al pueblo llano (criollos, negros, sectores populares) para expulsar a los invasores ingleses en 1806 y 1807. La devoción que la gente le tenía era inmensa y casi religiosa. Cuando se conoció la noticia en Buenos Aires a fines de agosto de 1810, el pueblo entendió que la Revolución de Mayo ya no era una simple transición pacífica o un cambio de autoridades coloniales. El fusilamiento demostró que se había iniciado una guerra a todo o nada, donde la disidencia se pagaba con la vida. No hubo protestas masivas ni rebeliones populares en las calles debido al clima de fuerte control político e institucional que ejercía la Junta.

Sin embargo, en las tertulias privadas de los vecinos y en las pulperías se instaló un clima de luto encubierto y desconcierto.

Sabiendo que la ejecución de Liniers podía arruinar el apoyo popular a la revolución, Mariano Moreno publicó un célebre manifiesto en la Gazeta de Buenos Ayres el 11 de octubre de 1810.

El texto apelaba a lasalvación de la patria; para calmar los ánimos.

Moreno argumentó que las virtudes pasadas de Liniers como héroe militar no lo autorizaban a destruir la libertad de los pueblos en el presente.

La muerte de Liniers también generó grietas internas entre los propios revolucionarios.

El ala más moderada (liderada por Cornelio Saavedra) vio con horror el nivel de radicalismo y violencia que estaba imponiendo el ala dura (liderada por Mariano Moreno y Juan José Castelli). Esta tensión interna terminaría por estallar pocos meses después.

Tras el trágico fusilamiento de Santiago de Liniers, su numerosa familia quedó sumida en el desamparo político, la persecución económica y la división geográfica. Su esposa, Martina Sarratea, ya había fallecido años antes (en 1804), por lo que sus ocho hijos sobrevivientes tuvieron que enfrentar el destino por su cuenta en plena revolución.

Al momento del fusilamiento, varios de los hijos de Liniers vivían en la estancia jesuítica de Alta Gracia (Córdoba), tras la ejecución de su padre, el nuevo gobierno de Buenos Aires ejerció fuertes presiones económicas sobre ellos. Sufrieron embargos, reclamos de deudas y la casa familiar se convirtió casi en un ámbito de reclusión, obligándolos finalmente a abandonarla en la pobreza.

De los ocho hijos que sobrevivieron al exvirrey, la familia terminó fragmentada la mayoría de ellos (cinco hijos) decidió abandonar el Río de la Plata debido al clima hostil de la revolución y buscaron refugio en Europa (España y Francia).

Los que se quedaron: Tres de sus hijas mujeres permanecieron en Argentina tras casarse con miembros de la élite local (como las familias Perichón de Vandeuil y Gallo), dejando una ilustre descendencia en Buenos Aires que llega hasta la actualidad.

Antes de morir, el rey de España le había otorgado a Liniers el título hereditario de Conde de Buenos Aires por haber vencido a los ingleses. Su primogénito Luis heredó el título.

Años más tarde, en 1816, el propio Luis le solicitó al rey Fernando VII de España cambiar la denominación oficial del título por la de Conde de la Lealtad, en un claro repudio a la ejecución de su padre y como muestra de obediencia absoluta a la Corona española.

Liniers había sido arrojado a una fosa común en el monte cordobés. Décadas más tarde, la propia familia inició gestiones para recuperar su cuerpo. Aunque una de sus hijas mayores exigió fervientemente que los restos descansaran en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, la presión diplomática fue mayor: en la década de 1860, sus restos fueron exhumados y trasladados definitivamente a España, donde hoy descansan con honores en el Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz.

Este 26 de agosto de 2016, 216 años después de su fusilamiento en el monte de los Papagayos (los Surgentes, prov. Córdoba), volví por segunda vez a aquel lugar, pero sucedió algo diferente, transformamos la Historia, rememoramos su nombre, su existencia y su corazón, uniendo a un grupo de argentinos en aquel lugar para darle otro sentido más amable a la historia y aunque simbólicamente, que su pueblo pudiera hacer el duelo de manera pública y política y que su familia pudiera velarlo con orgullo.

Es difícil expresar con palabras y que se pueda entender la Historia más allá de la Historia, la sangre más allá de las perdidas en combate, y el poder de la humanidad cuando se unen desde el corazón…


martes, 22 de septiembre de 2026

Alocución del Señor Académico Presidente pronunciada en la apertura de la Actividad Académica "Manuel Belgrano, jurista y político" realizada en la Universidad de Belgrano, organizada en por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - UB, con el auspicio de la Escuela Superior de Guerra y la Academia Belgraniana de la República Argentina.



Estimadas autoridades, disertantes, profesores, alumnos e invitados especiales:

Nos reunimos hoy no solo para rendir homenaje a un nombre grabado en los cimientos de nuestra patria, sino para reivindicar el pensamiento vivo de un hombre excepcional. Solemnemente recordamos a Manuel Belgrano como el creador de nuestra bandera y el general de batallas heroicas; sin embargo, su legado más profundo e imperecedero reside en su rol como jurista, político e intelectual de la libertad.
Formado en las aulas de Salamanca y Valladolid, Belgrano absorbió las corrientes del derecho público y la economía política con un único propósito: aplicarlas al progreso y bienestar de su suelo natal.
Como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Comercio, demostró ser un estadista visionario. Comprendió, antes que muchos, que la verdadera independencia no se alcanzaba solo con las armas, sino mediante el imperio de la ley, la justicia, el fomento del comercio y, fundamentalmente, la educación. Para él, fundar escuelas era sembrar en las almas.
Belgrano propuso reformas que sentaron las bases del derecho público y económico de nuestra naciente patria. Para él, la política era la más alta forma de la caridad civil, y el derecho, el único escudo capaz de proteger la dignidad humana contra la tiranía.
Ese espíritu es el que custodia y proyecta hoy la Universidad de Belgrano. Llevar su nombre no es un mero azar geográfico o institucional; es un compromiso diario con la excelencia del saber, el debate político constructivo y el rigor del pensamiento jurídico.
Al contemplar las aulas de esta Casa de Altos Estudios, uno no puede dejar de sentir el eco vivo de su pensamiento. El prócer que donó sus premios de guerra para fundar escuelas agrícolas, náuticas y de dibujo, sonreiría al ver esta comunidad académica dedicada al cultivo riguroso de las ciencias jurídicas y sociales.
Esta Universidad se convierte así en el faro contemporáneo de aquellos ideales belgranianos: formar ciudadanos capaces de transformar la realidad a través del conocimiento, el apego a las normas y la vocación de servicio público.
Queridos docentes y estudiantes: los insto a que, en esta jornada académica, y en cada día de su vida universitaria, lleven con orgullo la antorcha belgraniana. Que el ejemplo de aquel jurista que lo dio todo —su fortuna, su salud y su propia vida— por el bien común, sea el faro que guíe vuestra vocación. Hagamos que el derecho no sea una fría abstracción de códigos, sino una herramienta viva para construir esa nación libre, justa y profundamente culta con la que soñó nuestro gran civilista.
En nombre de la Academia Belgraniana de la República Argentina, felicito a la Facultad por propiciar este espacio de reflexión indispensable.
¡Muchísimas gracias!

Prof. PhD Rubén Alberto Gavaldá y Castro
Auditorio Presidente Urquiza
22 de septiembre de 2026.

jueves, 17 de septiembre de 2026

ALOCUCIÓN DE ACEPTACIÓN DE INGRESO DEL DR. DIEGO ALBERTO BAROVERO


"Honorables colegas, autoridades y miembros de esta comunidad académica:

Aceptar esta ponencia dedicada al Colegio de Manuel Belgrano, convertido con el tiempo en el insigne Colegio Nacional de Buenos Aires y pronunciada por el Prof. Dr. Diego Alberto Barovero (hoy Académico honorario ingresante en las filas de la Academia Belgraniana de la República Argentina), es un acto de reconocimiento tanto a su persona como a la institución que ha sido testigo y protagonista de la historia nacional.

Este solar, remonta sus orígenes al siglo XVII, cuando los jesuitas fundaron en la Manzana de las Luces un espacio de enseñanza que luego, tras la expulsión ordenada por Carlos III, se transformó en el Real Colegio de San Carlos. Allí se formaron figuras fundamentales de nuestra independencia, como Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia y el hijo prominente de Buenos Aires y Padre de la Patria don Manuel Belgrano.

En 1863, bajo la presidencia de Bartolomé Mitre, se consolidó el Colegio Nacional de Buenos Aires, heredero de esa tradición ilustrada y republicana. Desde entonces, sus aulas han sido semillero de presidentes, pensadores, científicos y artistas que marcaron y marcan el rumbo cultural y político de la nación.

El Académico ingresante, al hablar sobre este colegio recorrió las páginas más significativas de la historia argentina. Fundado bajo la inspiración de Manuel Belgrano, prócer que entendió la educación como el motor de la libertad y el progreso, nos recordó que esta institución se transformó en un espacio donde se gestaron ideas que marcaron el rumbo de nuestra patria.

El CNBA no solo ha transmitido conocimientos, sino que ha cultivado el espíritu crítico y el compromiso ciudadano. Ha sido un faro de excelencia académica y un símbolo de la identidad argentina, capaz de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia humanista.

El Colegio Nacional de Buenos Aires fue testigo y protagonista de los grandes procesos históricos: desde la consolidación del Estado argentino hasta la formación de generaciones de líderes, pensadores y ciudadanos comprometidos con la democracia y la cultura. Sus aulas han albergado debates que reflejaron los desafíos de cada época, y sus egresados han llevado consigo el espíritu crítico y el compromiso social que caracterizan a esta casa de estudios.

Aceptar esta ponencia del Dr. Barovero, la que agradecemos y valoramos públicamente, significa rendir un nuevo homenaje a Manuel Belgrano, quien entendió que la educación era la base de la libertad y el progreso y quien supo ver en la educación la herramienta más poderosa para construir una patria libre y justa.

Así mismo es también reconocer que el Colegio Nacional de Buenos Aires, como heredero de aquel proyecto, sigue siendo un pilar en la construcción de nuestra historia y de nuestro futuro, y un símbolo de la identidad argentina.

Sea bienvenido Dr. Diego Barovero a las filas de la Academia Belgraniana de la República Argentina.

Unas palabras finales para referirme primero a la toma de posesión de los sillones académicos recientemente juramentados. Ellos completan hoy en día 26 de las 40 cátedras establecidas por Estatuto Societario. La anterior juramentación fue tomada por mi predecesor el Académico presidente Prof. Jorge Gulló y Paternó (de feliz memoria) en septiembre de 2015 en Sesión Pública Solemne en el salón histórico del Museo Mitre de esta Ciudad de Buenos Aires.

Hoy asistimos a un acto de estricta justicia institucional y mérito intelectual. La juramentación y toma de posesión de sus respectivos sillones académicos por parte de nuestros nuevos titulares representa la culminación de años de entrega, rigor científico y pasión por el conocimiento.

A los nuevos titulares: al ocupar estos sillones, ustedes no solo reciben un reconocimiento a su brillante pasado profesional, sino que asumen un compromiso de honor con el futuro. Estos espacios que hoy pasan a custodiar son el símbolo de una tradición viva; un legado de excelencia que, a partir de este momento, se nutrirá con sus visiones, sus investigaciones y sus voces.

Queremos expresarles nuestro más sincero agradecimiento. Gracias por aceptar este desafío. Gracias por poner su talento, su tiempo y su prestigio al servicio de los altos fines de esta Academia. Vuestra incorporación renueva nuestro vigor institucional y nos asegura que la búsqueda de la verdad, el saber y la excelencia técnica seguirá en las mejores manos.

La comunidad académica celebra vuestra llegada con la certeza de que sus aportes enriquecerán nuestros debates, iluminarán nuestras publicaciones y guiarán a las próximas generaciones de profesionales.

Bienvenidos formalmente a esta, vuestra casa. Que el trabajo en sus respectivos sillones sea fecundo, inspirador y siempre orientado al bien común y al progreso de nuestra sociedad.

Finalmente, remarcar que, en esta sesión tan significativa, la Academia celebra una coincidencia excepcional entre el pasado fundacional de nuestra patria y el presente institucional de nuestra casa.

Queremos expresar nuestro más sincero y profundo agradecimiento a don Marcos Belgrano, sobrino bichozno del general Manuel Belgrano, por honrarnos hoy con su presencia.

Su participación en este recinto no es un hecho menor; es un puente vivo que nos vincula con la familia de uno de los hombres más íntegros, desprendidos y visionarios que brindó el suelo argentino, en su ascendencia hasta Domingo Belgrano, hermano del Prócer.

En su apellido y en su sangre, don Marcos porta el eco de la genialidad de aquel hombre que no solo nos dio la bandera, sino que entregó su vida, su fortuna y su salud por la educación, la economía y la libertad de este pueblo.

Hoy, haciendo un uso riguroso y justo de nuestro marco legal, es un orgullo formalizar su designación como académico honorario por derecho estatutario. Esta distinción no es un simple formalismo de catálogo. El estatuto de nuestra Academia contempla este derecho para asegurar que la custodia del saber y de los valores patrios mantenga siempre un lazo inquebrantable con sus raíces.

Don Marcos, al incorporarse formalmente bajo esta investidura, no solo asume un sitial de honor en este cuerpo, sino que nos ayuda a renovar el compromiso que esta institución tiene con la verdad histórica y con el legado belgraniano.

Estimado don Marcos: reciba el saludo fraterno, el respeto y la admiración de cada uno de los académicos que integran este espacio. Es un auténtico privilegio tenerlo entre nosotros. Que su siga iluminando el camino de esta Academia en la búsqueda constante de la excelencia y el amor a la patria. Bienvenido a su casa.

¡Muchas gracias!"

Prof. PhD D. Rubén Alberto Gavaldá y Castro
Académico Presidente

Salón "Ex Alumno Manuel Belgrano" - Colegio Nacional de Buenos Aires
Sesión Pública Extraordinaria de la ABRA - Miércoles 16 de septiembre de 2026. 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Disertación del Académico correspondiente en la Provincia de Santa Fe

 



"Devocionario Belgraniano. Caminos de fe del General Manuel Belgrano"

 

Por el escritor Julio Daniel Rodríguez

Académico correspondiente en Santa Fe

 

 Conferencia de ingreso

vía streaming

2 de septiembre de 2026




Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús nació el domingo 3 de junio de 1770 en la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Ayres, hijo legítimo de Domingo Belgrano Pérez y María Josefa González.

Al día siguiente en el templo Nuestra Señora de la Merced, el padre Juan Baltazar Maciel, canónigo magistral de la Catedral, bautizó, puso óleo y crisma al recién nacido, actuando como padrino don Julián Gregorio de Espinosa, miembro de la Cofradía del Rosario de Santo Domingo.

Sus padres, Doménico nacido en Génova, Italia y arribado al Plata hacia 1753 para ejercer el comercio, y María Josefa González Casero, porteña descendiente de una distinguida familia. El 4 de noviembre de 1757, se unieron en sacramento matrimonial en la iglesia de la Merced, tuvieron 16 hijos, vivieron en un solar en la calle del Santo Domingo 430 e ingresaron a la orden terciaria dominica, ejerciendo el rol de prior y priora, respectivamente. Además, Doménico formó parte de la cofradía del Rosario de la iglesia Santo Domingo, como revisor de cuenta y mayordomo. Ambos padres fueron sepultados cerca del presbiterio de dicho templo.

La tradición familiar continuó con la pertenencia de sus hijos a la orden terciaria, como Manuel, los canónigos Bernardo José Félix y Domingo Estanislao, párrocos de la Catedral y en la Inmaculada Concepción, respectivamente, Joaquín y María Florencia. Manuel Belgrano realizó primeros estudios en la escuela del convento dominico, para graduarse en Filosofía, en el Real Colegio San Carlos. Durante su estadía española, el primer destino fue la Universidad de Salamanca, estableciéndose en el convento San Esteban, dependiente de la orden, formándose con los frailes.


Obediencia paternal

El 10 de febrero de 1790, en Madrid, Manuel se dirigió a su madre:

“Mi venerada Madre y Señora: no tengo más que decir sino someterme a su obediencia y que de VM. mis expresiones a mi Abuela, Tía, hermanos y Juliancito, con los demás de la Casa, que bastante me acuerdo de todos, y algunas veces me suele servir de sentimiento, ínterin ruego al Altísimo me la conserve y me dé auxilios para ayudarla en tantos trabajos”.


El mismo día también escribió a su padre con gran solemnidad:

“Mi venerado Padre y Señor: quisiera ya ser capaz de poder ayudar a VM., pero mi poca experiencia y mi poca habilidad no lo permiten, así me parece hago todo mi deber sometiéndome a su obediencia, ésta creo jamás se borrará en mi corazón, pues las pocas luces que me asisten hacen que conozca los deberes que tiene un hijo hacia su Padre; en esta inteligencia sólo espero me imponga VM. sus preceptos, siendo mi mayor gusto ponerlos en ejecución; le aseguro a VM. que nunca estoy más contento que cuando hago una cosa que contemplo merecerá la aprobación de mis Padres a quienes deseo guarde el Todopoderoso muchos años para bien de mis hermanos y de éste, su amante hijo que besa su mano”.


Inmaculada Concepción y el Consulado de Buenos Aires

El 2 de junio de 1794 se realizó la primera sesión del Consulado de Buenos Aires, en el Cabildo. Manuel Belgrano, regresado de la Península ibérica, donde se recibió de abogado, juró “defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Patrona de las Españas” y fue designado secretario. En dicha reunión se aprobó la Real Cédula, con el amparo de la Virgen, cuyos colores azules y blancos, fueron colocados en el escudo que presidió el edificio. “Su deseo era el de cumplir las Reales Intenciones con la más puntual exactitud imploraban para su efecto la protección del Poder Divino por la intercesión de Nuestra Señora la Virgen María en su Purísima e Inmaculada Concepción, patrona de los Reinos España y las Indias, para que inspirando a su limitada insuficiencia lograsen en mejor acierto en la dirección u justificación de todas sus operaciones actuales y sucesivas...”


San Pedro González Telmo

En 1799, el Consulado fundó la escuela Náutica, bajo el resguardo de San Pedro González Telmo, patrono del convento Santo Domingo. El reglamento, redactado por Belgrano, alumnos y maestros debían ir a Misa los días 8 de agosto, fiesta del santo, promulgando:

“Como los estudios humanos son nada, sin los auspicios de la Divinidad, el Consulado ha puesto por medianero para alcanzar aquellos en favor de este establecimiento a San Pedro González Telmo, y lo ha nombrado por su Patrono; en consecuencia quiere que en el día de este Santo que se celebra misa solemne en el convento de los Religiosos Dominicos, concurran los maestros primero, y segundo con todos los discípulos a oírla, con toda la decencia posible, y verdadera devoción, para que recaigan las bendiciones del Señor, en este útil establecimiento, dirigido en beneficio universal del Estado”.


En la junta de gobierno del 25 de mayo de 1810

La revolución se llevó a cabo irredentamente en los batallones militares de Buenos Aires, tal como describieron las actas capitulares. Sin dudas, principió el regimiento de Patricios, sumándose entre los 225 vecinos que votaron el 22 de mayo en el Cabildo Abierto, 24 fueron sacerdotes. Cornelio Saavedra, comandante en jefe de Patricios, fue ungido presidente de la Junta Provisoria de Gobierno, el 25 de mayo, y de inmediato, los vocales, secretarios y, naturalmente, el jefe, juraron de rodillas ante la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios.

Guillermo Furlong, sacerdote jesuita y cofundador de vuestra Academia, afirmó que “los hombres de la Revolución de Mayo eran religioso y creyentes fervorosos aferrándose a la tradición religiosa”, explicando el Tratado de las obligaciones del hombre, ápice de la política educativa impulsada por la junta:

1) Para con Dios.

2) Para consigo mismo.

3) Para con los demás hombres, y en el primer capítulo destaca la obligación que tienen los hombres de “adorar a Dios con la más profundad humildad” y de “amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y sobre todas las cosas”.

Belgrano, apuntó en su Autobiografía que, “apareció una junta de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde...Era preciso corresponder a la confianza del pueblo y todo me contraje al desempeño de esta obligación...El bien público estaba a todos instantes a mi vista”.

La junta emitió bando, al día siguiente de su asunción, referente al solemne tedeum eligiendo el día del Soberano en honor al Rey Fernando VII.

“Que todas las corporaciones Jefes y Vecindario asistan a la Misa Solemne que se celebrará en la Santa Iglesia Catedral el miércoles 30 del corriente en acción de gracias por la Instalación de la Junta, y terminación feliz que han tenido las agitaciones de este Pueblo causadas por los desgraciados sucesos de la Península”.

El templo catedralicio lució “adornando el Altar Mayor con lo mejor de la Iglesia, poniéndose la cera precisa, para descubrir el Sacramento en el alto Tabernáculo al tiempo del tedeum”. Los integrantes de gobierno ocuparon los primeros lugares, pontificando su Ilustrísima monseñor Benito Lué y Riega y el sermón lo predicó el doctor Diego de Zavaleta.

Finalizando en la Autobiografía, nuestro hombre razonó: “Sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de que siendo nuestra revolución obra de Dios, Él es quien la ha de llevar hasta su fin; manifestándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno".


Expedición a Paraguay

Belgrano contó con la presencia de Juan José García de Arboleya y Juan Valle, capellanes castrenses y el coronel Blas Pico ilustró sus actos:

“Era de la obligación de los capellanes, por mandato expreso, asistir por la mañana y tarde a los hospitales, que diariamente hiciesen a sus regimientos una plática doctrinal a la hora de la lista, sin perjuicio de la que había los días de festividad en la misa del regimiento, que celasen de rezar el Rosario para todos los soldados diariamente, y que cumpliesen con el precepto anual, a cuyo fin ordenaba a los jefes, para que concediesen a la tropa franco tiempo para disponerse debidamente”

El 1º de octubre de 1810, Manuel arribó a Santa Fe de la Veracruz, hospedándose en el convento dominico, construido en 1670, en una celda preparada especialmente con ventana hacia la calle principal. Durante la semana que permaneció allí, oyó Misa, recorrió claustros antiguos, el cementerio, el presbiterio y el crucero de la iglesia.

“A pesar de ser la noche oscura y del mucho barro que había en las calles, oí vivas y aclamaciones del pueblo que descubren claramente los sentimientos de que está animado y el respeto y obediencia que prestan a

Vuestra Excelencia... yo no puedo decir a Vuestra Excelencia bastante sobre las demostraciones de júbilo de estos vecinos y el respeto y obediencia a sus órdenes; por lo tanto le he dado el título de Noble al ayuntamiento que no dudo sea de la aprobación de Vuestra Excelencia... estoy alojado en el Convento de Santo Domingo, determinación que tomé para no causar gastos a ningún particular, el presbítero provincial Isidro Guerra y el prior José Grela como todos los demás religiosos de esta comunidad me hacen todo el honor y servicio posible”.


Nuestra Señora del Pilar y el nacimiento de Curuzú Cuatiá

El 14 de noviembre de 1810, Belgrano fundó la ciudad Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá (en guaraní Cruz de Papel), poniendo al poblado bajo el amparo mariano, que desde el año 1790, veneraba a la patrona hispánica en la capilla. Inmediatamente, el general encargó la espiritualidad del vecindario:

“El abandono en que se halla el vecindario del nominado pueblo de Curuzúcuatiá por lo que respecta al pasto Espiritual; ya iban a contarse dos años que ni aún Misa oían, y es de necesidad que V.E. oiga los clamores que por mí le dirigen para que el Reverendo Obispo provea a esa falta y se les ponga un sacerdote; sobre iguales necesidades hablaré a V.E. en otra ocasión, es muy urgente Señor Excelentísimo, un arreglo de los distritos de los curatos, pues tenemos mucha población que si sabemos dividirla muy pronto nos proporcionará grandes ventajas”.


Oratorio de San Francisco de Asís

Yaguareté Corá era un pueblo con escasa población, afincada en pequeñas casas cercanas a la plaza. La noche del 25 de noviembre, una lluvia torrencial recibió al ejército y al día siguiente, Belgrano y sus oficiales, se dirigieron al oratorio, rezando de rodillas ante la imagen de San Francisco de Asís. Dicha capilla, dependiente de la parroquia San Roque, se transformó el 21 de julio de 2013, en el museo histórico General Belgrano.


En las ruinas de Santa María de la Candelaria

El 19 de diciembre de 1810 tuvo lugar un primer combate situado en el Campichuelo de la Candelaria, sobre el margen del río Paraná, a 16 kilómetros de Encarnación. La vanguardia del ejército logró ocupar el pueblo, capturando armas, municiones y pertrechos al enemigo y establecieron cuartel en la Candelaria. Petrona, vecina del lugar, aportó estos datos:

“Don Maneco –por Belgrano– era muy piadoso y de las Ruinas, trajeron una imagen de la Virgen y, al caer la tarde, soldados y vecinos rezábamos el Rosario”.

En febrero de 1811, el general paraguayo Manuel Cabañas lo intimó a rendición, recibiendo la respuesta de Belgrano:

“Soy verdaderamente católico, Apostólico, Romano, también fiel vasallo de su Majestad Fernando VII y he traído las armas para sostener tan santa y sagrada causa, no para agredir al Paraguay, sino para auxiliar a todos. Y doy gracias a María Santísima que usa de piedad con nosotros dando a Ud. tiempo para que reconozca su error y a mí la constancia necesaria para soportar los trabajos y las penalidades que hasta ahora hemos sufrido aquí”.

Luego de la batalla de Tacuarí, 9 de marzo de 1811, el clero de Corrientes dirigió a Belgrano una epístola, felicitándolo por el accionar de la tropa:

“Me obliga saludar a V.E. a nombre mío y de este clero que suscribe conmigo, con la sumisión más respetuosa, tributándole las más felices enhorabuenas por éxito tan feliz y portentoso, en que ha permitido el cielo, para alentar nuestra fe. Queda este humilde clero ofreciendo sacrificios a Dios de los ejércitos, para que continúe en dispensar a V.E. los auxilios necesarios de su gracia, y un espíritu impertérrito a sus tropas para la total pacificación de estas provincias, con prolongados años de vida y salud”.

La respuesta la dirigió al gobernador Elías Galván:

“Corrientes me ha ensalzado a donde yo no merezco; mi agradecimiento será eterno, y mucho más por sus oraciones al Todo Poderoso, que, sin duda, las necesitamos para salir bien de la gran empresa en que estamos.

No hay que perder instante de que los paisanos se instruyan en sus derechos, y los de la patria; exhorte usted a los curas a que les expliquen; así conseguiremos que se entusiasmen con razón y justicia, y no haya quien sea capaz de desviarlos de sus obligaciones”

En mayo de 1811, Belgrano arribó a Buenos Aires donde fue juzgado por una junta de guerra por su actuación en Paraguay. Sin embargo, fue respaldado por sus subordinados, cuyo nombre “es pronunciado con respeto hasta por nuestros contrarios” y “no hay ni un oficial ni un soldado que tenga la menor queja contra él” y finalmente levantada la pena.


Nuestra Señora del Rosario

Leyendo el diario del ejército Auxiliador del Perú, el General consignó los movimientos realizados desde la salida. El viernes 24 de enero de 1812, se detuvo en la iglesia San José de Flores, para orar y pasar la noche. Dos días después, a la vera del Camino Real, hubo Misa de campaña, más luego, en la cañada de Rocha, rezaron el Rosario, previo al descanso de la noche. Por último, en Cañada de Giles, a la oración, se volvió a rezar el Rosario.

El 7 de febrero, el ejército llegó a Rosario, formando cuadro en la plaza e ingresando a la capilla Nuestra Señora del Rosario. En aquella estadía, asistieron a Misa diariamente y a la oración se rezó el Ángelus. El día 27, en la batería Libertad, situada en las barrancas del río Paraná, fue bendecida la Bandera Nacional por el párroco Julián Navarro, cuya confección estuvo a cargo de doña María Catalina Echeverría de Vidal.

“Al dar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria, los colores blancos y azul celeste, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente"

Carlos José Belgrano, comandante militar de Luján, reforzó la tesis sobre el amor mariano de su hermano.

“Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la Inmaculada de Luján de quien era ferviente devoto. Y en este sentido se han pronunciado también sus coetáneos”

Llegado el ejército a Catamarca, Belgrano mandó celebrar Misa en la capilla Nuestra del Rosario, construida en 1715. El 6 de septiembre de 1812 comenzó la novena en honor a Nuestra Señora del Valle y, en un escrito fechado el 28 de octubre, Belgrano pidió al Cabildo, su influencia para que “los señores Curas Párrocos prediquen e ilustren a sus feligreses inspirándoles las mejores ideas de nuestra Justa Causa”, respondiéndoles éstos con Misa y tedeum en la Iglesia Matriz.


Aniversario del 25 de mayo en San Salvador

El segundo año de la asunción de la junta se festejó en Jujuy donde hubo Misa de acción de gracias y posterior bendición de la Bandera a cargo del canónigo Juan Ignacio Gorriti.

“El vicario, revestido, y volviendo la cara hacia el pueblo, trazó en el aire la señal de la cruz; y como si todos fuesen ritos de un mismo culto, bendijo, en el nombre de Dios, aquella enseña de la patria naciente”.

Belgrano, recibió el estandarte y luego de invocar a Dios Omnipotente, arengó a su tropa.

“Soldados de la Patria, no olvidéis jamás que nuestra obra es de Dios; que él nos ha concedido esta Bandera, que nos manda que la sostengamos, y que no hay una sola cosa que nos empeñe a mantenerla con el honor y el decoro que le corresponde ¡Viva la Patria!”.




Madre de victorias

El 23 de septiembre, previo al encuentro con los realistas, el General se dirigió a la iglesia de la Merced, que hervía de fieles pidiendo a la Virgen que los libere de los dominios invasores. Luego, tomó la pluma y escribió a Buenos Aires: 

“Acá trabajamos lo que se pueda, y espero que sea con buen éxito. Mediante Dios y nuestra Generala, María Santísima de las Mercedes. Vista V.E. a las tropas el escapulario de esta Señora. Mandé que recen con devoción el rosario. Que los capellanes expliquen, después de él, la doctrina cristiana, siquiera un cuarto de hora. No importa que lo ridiculicen los despreocupados. V.E. verá felices resultas, hablo por experiencia”.

Al día siguiente, la lucha se libró en el campo de las Carreras. El testimonio del soldado don Juan Pablo Pardo de Zela trajo el auxilio celestial aquella tarde:

“La batalla comenzó con un horizonte despejado y limpio de nubes...Una pequeña nube se descubre en el cielo en figura piramidal sostenido por una base que parecía sostener una efigie de Nuestra Señora. Era día en que se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de la Merced y cada soldado creyó ver en la indicada nube la redentora de sus fatigas y privaciones; daba más fuerza a nuestra pequeña línea, ya enfrentada con la del enemigo, empezó a sentir por el fuego de nuestras piezas de artillería”.

Manuel ingresó a la ciudad y emitió bando al gobierno notificando su primer triunfo bajo el amparo de María: “La patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas, el día veinte y cuatro del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos”.

La celebración de la Virgen se postergó para el 28 de octubre, día de San Judas y San Simón. Los fieles peregrinaron junto a María por la tarde sumándose la vanguardia del ejército. El general Belgrano, de gran uniforme, se mantuvo bien cerca a la imagen y, al ingresar al campo de las Carreras, la Virgen fue saludada por una salva de 21 cañonazos, para luego dirigirse a la imagen, entregándole su bastón, que acomodó en el cordón, rezando:

“A Ti sola, oh Reina de los cielos y Madre de mi Señor Jesucristo, te debemos el triunfo que ha obtenido el ejército de la patria, y hoy te nombro Generala del ejército”

En Salta, el 20 de febrero de 1813 y tras la Misa en la iglesia de la Merced, desde su altar, Belgrano distribuyó el escapulario de Nuestra Señora de las Mercedes a la tropa, que habían confeccionado las monjas capuchinas del convento Santa Catalina, en Buenos Aires. El general José María Paz contó en sus Memorias:

“Estos escapularios se conservaron intactos después de cien leguas de marcha en la estación lluviosa. En la acción de Salta vinieron a ser una divisa de guerra; si alguno los había perdido, tuvo buen cuidado de procurarse otros, porque hubiera sido peligroso andar sin ellos”.

Luego del triunfo, leemos dos partes enviamos por Belgrano a Buenos Aires:

“El Todo Poderoso ha coronado con una completa victoria nuestros trabajos: arrollado, con las bayonetas y los sables, el Ejército, al mando de Don Pio Tristán, se ha rendido del modo que aparece de la adjunta capitulación…No cesaría, Excmo. Señor, de hablar de una acción tan gloriosa para las armas de la Patria y cuyas consecuencias es fácil prever, sino temiese molestar a V.E.; diré solamente que el Dios de los ejércitos nos ha echado su bendición y que la causa justa de nuestra libertad e independencia se ha asegurado a esfuerzos de mis bravos compañeros de armas”.

Cómo se dispensaba, tres banderas capturas a los realistas fueron enviadas a la capilla del Sagrario de la Catedral de Buenos Aires y dos al santuario de Luján:

“Presentándolas a los pies de Nuestra Señora a nombre del Ejército de mi mando...para que se haga notorio el reconocimiento...estamos a los beneficios que el Todopoderoso nos ha dispensado por su mediación y exciten con su vista la devoción de los fieles para que siga concediéndonos sus gracias".


Educación belgraniana

La Asamblea del Año XIII otorgó al General un premio de 40 mil pesos oro por sus triunfos en Tucumán y Salta, los cuales fueron destinados para la construcción de cuatro escuelas en San Salvador, Santiago del Estero, Tarija y Tucumán, para los cuales el beneficiado redactó un reglamento, cuyo punto quinto, sumaba “la enseñanza de nuestra sagrada Religión y Doctrina Cristiana, mediante el catecismo de autores como Gaspar Astete, el Abad Claudio Fleury, más El Compendio de la Fe. Ordinario de la Santa Misa, del Padre Francisco Amado Pouget”. Por su parte, también era obligatoria la asistencia a Misa, por parte de autoridades y alumnos, como demostró el artículo 7º.

“En los Domingos de renovación, y en los días de rogaciones públicas, asistirán todos los Jóvenes a la Iglesia presididos de su Maestro: oirán la misa Parroquial, tomarán asiento en la banca que se les destine, y acompañarán en la procesión de Nuestro amo, Todos los Domingos de Cuaresma concurrirán en la misma forma a oír la Misa Parroquial y las exhortaciones o platicas doctrinales de su Pastor”.

Asimismo, “todos los días asistirán los Jóvenes a Misa conducidos por su Maestro; al concluirse la Escuela por la tarde rezarán las letanías a la Virgen, teniendo por Patrona a nuestra Señora de Mercedes. El sábado a la tarde le rezaran un tercio del Rosario”. Más, el artículo 13º, insistía sobre la organización de catecismo: “Las mañanas de los jueves y tarde de los sábados se destinarán al estudio de memoria del Catecismo de Astete que se usa en nuestras Escuelas y a explicarles la doctrina por el Pouget”.

Un último articulado, mencionó que, “el Maestro procurará con su conducta y en toda sus expresiones y modos inspirar a sus Alumnos, amor al orden, respeto a la Religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la verdad y a las Ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que diga a profusión, y luxo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional, que les haga preferir el bien público al privado, y estimar en más la calidad de Americano, que la de Extranjero”.


Ahoyuma y Vilcapugio

La derrota en Vilcapugio, fue asumida por el jefe del Ejército, como una disminución de fe, en la tropa: “El ruido del ligero contraste del ejército de Vuestra Señoría ha sabido prevenir sin duda a los que, fijando la esperanza de la gloria en sólo el valor y esfuerzo de los hombres, adormecieron sus cristianos sentimientos y olvidaron los votos al Dios de los ejércitos; sin advertir que, sin los auxilios del Eterno, y el influjo poderoso de su Santísima Madre Generala de las armas de la patria, no hay ejércitos por numerosos que sean ni victorias por bravos y esforzados”

El 14 de noviembre de 1813, en el llano de Ayohúma, Belgrano razonó: “Estoy creído que Dios mismo ha querido presentarnos en Vilcapugio y Ayohúma victorioso a Pezuela, para que acabéis de conocer los males que os esperan si llegasen a subyugarnos, y os convenzáis de cuanto os importa uniros y vestiros de virtudes cristianas, únicas que pueden hacernos felices. En esta inteligencia sosteneos si queréis ser libres, mientras que el ejército auxiliador os da la mano y os arranca de la cruel dominación en que estáis, mediante el favor de Dios y la intercesión de nuestra Generala María Santísima de Mercedes".


La patria al encuentro de sus padres

Luego de las derrotas, el Triunvirato nombra al coronel José de San Martín, jefe de la expedición que debe auxiliar al ejército de Belgrano. El 17 de enero de 1814, ambos se encontraron en la posta de Algarrobos, cinco leguas al sur del río Juramento. En misiva, fechada el 1º de abril, en Santiago del Estero, leeemos:

“Señor Don José de San Martín. Tucumán. Son muy respetables las precauciones de los pueblos y mucho más aquellas que se apoyan, por poco que sea, en cosa que huela a religión. Creo muy bien que usted tendrá esto presente y que arbitrará el medio de que no cunda en disposición y particularmente de que no llegue a noticia de los pueblos del interior.

La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre ésta en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído las gentes bárbaras a las armas, manifestándoles que atacábamos la religión, por este medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado, pues él, al fin se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no pueden ser más a propósito para el orden.

He dicho a usted lo bastante; quisiera hablarle más, pero temo quitará usted su precioso tiempo y mis males tampoco me dejan añadiré únicamente que conserve la bandera que le dejé y que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a nuestra señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala y no olvide los escapularios a la tropa; deje usted que se rían, los efectos le resarcirán a usted de la risa de los mentecatos que ven las cosas por encima.

Acuérdese usted que es un general cristiano, apostólico, romano; cele usted de que, en nada, ni a Ud. en las conversaciones más triviales se falte el respeto de cuanto diga, a nuestra santa religión, tenga presente no sólo a los generales del pueblo de Israel, sino a de los gentiles y al gran Julio César que jamás dejó de invocará los dioses inmortales y por sus victorias en Roma se decretaban rogativas. Se lo dice a usted su verdadero y fiel amigo. Belgrano. Santiago del Estero, 1º de abril de 1814”.


Postrimerías

El 12 de junio de 1814, Belgrano quedó arrestado en Luján. Luego pasó a San Isidro y redactó su Autobiografía. Entre diciembre a febrero de 1816, permaneció en viaje diplomático en Europa junto a Sarratea y Rivadavia. A su regreso, marzo de 1816, Álvarez Thomas lo designó jefe de línea de Buenos Aires para sofocar un levantamiento en Santa Fe a cargo de sus caudillos Estanislao López y Mariano Vera, de cuyas resultas, se firmó el pacto de Santo Tomé. Más de su proclama a los soldados, extraemos:

“No os olvidéis que el Patrono del Ejército es la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), y Nuestra Generala, Nuestra Señora de las Mercedes. Seguid respetando la Religión Santa que profesamos y a los ministros del Señor y os aseguro la victoria mereciendo las bendiciones del Cielo”.

Un nuevo armisticio con los santafesinos, rubricado el 12 de abril de 1819, lo hizo recabar en Córdoba y hacia septiembre, achacado por su salud, entregó el mando del ejército Auxiliar al coronel Francisco Fernández de la Cruz en la capilla del Pilar, diciéndole:

“Si muero aquí entiérrenme en este suelo, pues si hay soldados sepultados también puede estar un general, y siempre habrá un paisano que elevará una plegaria por nuestras almas”.

El 12 de noviembre de ese año, en Tucumán, estalló una revolución capitaneada por el uruguayo Abraham González. Belgrano estando allí y postrado en su lecho, fue hecho preso y, al ser engrillado, su médico José Readhead lo impidió por el estado de salud.


Último don de Dios

En febrero de 1820 inició el regreso a Buenos Aires. Fray Cayetano Rodríguez escribió al obispo José Agustín Molina, que “el 4 de abril ha llegado Belgrano.

Está bastante malo; dudan todos de su salud y aún de su vida”. José Celedonio Balbín, comerciante tucumano y amigo suyo, recordó que lo halló mal.

“Al día siguiente de mi llegada a Buenos Aires pasé a visitar al general Belgrano, a quien encontré sentado en un sillón poltrona en un estado lamentable”.

El doctor Redhead, sus hermanos y algunos frailes dominicos, lo tuvieron a cuidado. El 25 de mayo, a diez años del surgimiento de la junta, redactó su testamento, el cual encabezó “En el nombre de Dios y con su santa gracia amén”, hallándose:

“…enfermo de la que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas las cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Ángeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento".

El 20 de junio de 1820, a las 7, pasó a la inmortalidad Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González, Brigadier General y Padre de la Patria. Rodeado de sus hermanos y en la más absoluta pobreza, recibió los sagrados sacramentos suministrados por su capellán, el padre Villegas.

El primer funeral, solicitado por su hermano Domingo, se llevó a cabo una semana después en la iglesia Santo Domingo, con la sola asistencia de familiares más íntimos. La noticia del deceso sólo fue publicada por Fray Francisco de Paula Castañeda en el Despertador Teofilantrópico:

“Porque es un deshonor a nuestro suelo; / Es una ingratitud que clama al cielo, / El triste funeral, pobre y sombrío, / Que se hizo en una iglesia junto al río. / En esta ciudad, al ciudadano, / Ilustre general Manuel Belgrano”.

El 29 de julio de 1821 se realizaron nuevas honras fúnebres, ahora sí, con la presencia de autoridades civiles, militares y políticas, encabezadas por el gobernador Martín Rodríguez, en la Catedral. Fray Cayetano Rodríguez tuvo a cargo el elogio fúnebre, mencionando:

“Los pasos de este hombre religioso vienen marcados todos con el sello de la moralidad cristiana…La muerte hizo presa de su vida, y arrebató a la patria este importante ciudadano, dejándola envuelta en lágrimas y luto: a esta patria que él tantas veces supo vestir de gloria…En esta lúgubres silenciosa descansa aquel ciudadano que la honró con su conducta, aquel magistrado que la gobernó con rectitud, aquel militar que la defendió con firmeza, aquel patriota que perdió la vida por dársela a la patria, aquel hombre de bien que jamás le hizo traición, aquel americano honrado, modelo de virtud y de valor” .


Legado

“La religiosidad alta y noble del general Manuel Belgrano, nos ha legado un nombre sin mancha, aureolado por los suaves resplandores del más puro civismo. Y nos ha transmitido, pruebas y argumentos fehacientes de la protección, clara y patente de la Virgen María, dispensada a las armas y destinos de nuestra patria” (Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar O.P.)

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, ya su nombre resalta virtudes cristianas, nació y fue criado en familia pertenecientes a la orden dominica, de cuyo templo, secundó en 1806, a don Santiago Liniers en la Reconquista y, al año siguiente, la defendió del invasor británico. Electo vocal de la junta de mayo, obedeció al mandato de liderar un ejército desecho, impartiéndole disciplina, rezo del Rosario y devoción por la Santísima Virgen. Sus tropas mantuvieron una conducta intachable en cada villorrio, pueblo, capillas, oratorios, iglesias, que les cupo visitar. Falleció como buen cristiano en su hogar, amortajado con el hábito dominico y con los Santos Sacramentos.


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Esta ponencia es un homenaje y gratitud hacia a los padres Cayetano Bruno, v Guillermo Furlong (integrantes de vuestra ilustre Academia), Francisco de Paula Castañeda, Rubén González, Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar y Alberto Ezcurra Uriburu, quienes asistieron con formación y piedad al autor.




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