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miércoles, 24 de junio de 2026

Alocución del Señor Académico Presidente en el Colegio Nacional de Buenos Aires 23 de junio de 2026

 


Autoridades presentes, Miembros de la comunidad educativa,

Miembros de la Academia Belgraniana, Señoras y señores:


Hoy evocamos la memoria de Manuel Belgrano, prócer de nuestra independencia y maestro de valores, en el marco del Colegio Nacional de Buenos Aires, institución que lleva en su esencia el espíritu de su obra.

El Colegio Nacional de Buenos Aires, fundado en tiempos de construcción de la Nación, ha sido desde sus orígenes un espacio donde se cultivan las ideas de libertad, educación y justicia que Belgrano defendió con pasión. Aquí se han formado generaciones de jóvenes que, inspirados por su ejemplo, han asumido el compromiso de servir al país con conocimiento, ética y responsabilidad.

Belgrano comprendió que la educación era la base de una patria digna. Su impulso por la enseñanza, por la igualdad de oportunidades y por el progreso social, encuentra eco en las aulas de este colegio, donde cada estudiante se convierte en portador de su legado. La excelencia académica y el compromiso ciudadano que caracterizan al Nacional Buenos Aires son la mejor prueba de que sus ideales siguen vivos.

Recordar a Belgrano es recordar a un hombre que supo unir la inteligencia con la entrega, la visión con el sacrificio, y que nos legó símbolos eternos como la Bandera blanca y celeste, emblema de unidad y soberanía.

Hoy nos convoca un gesto que trasciende lo material: la entrega de una bandera que tremoló junto al mausoleo del alumno ejemplar de ésta Casa de Estudios. Este paño sagrado no es solo tela y color; es símbolo de identidad, de historia compartida y de valores que nos unen como nación.

Al donar esta bandera, reafirmamos nuestro compromiso con la memoria de quienes la defendieron, con el presente de quienes la honran y con el futuro de quienes la recibirán como guía. Cada pliegue blanco y celeste, cada hilo que la compone, lleva consigo el sacrificio, la esperanza y la dignidad de nuestro pueblo.

Que esta bandera sea resguardada en este espacio como testimonio de unidad, respeto y amor por la patria. Que inspire a las generaciones venideras a mantener viva la llama de la libertad y la justicia.

Hoy no entregamos un objeto: entregamos un legado. Y en ese legado belgraniano se resume nuestra voluntad de seguir construyendo juntos una comunidad más fuerte, más justa y más solidaria.

Hoy, al recordar su vida y su obra, renovamos el compromiso de mantener viva su llama. Que cada alumno y cada docente del Colegio Nacional de Buenos Aires se reconozca heredero de su ejemplo, y que en cada acto de estudio, en cada gesto de solidaridad, en cada esfuerzo por la verdad y la justicia, se refleje el espíritu de Manuel Belgrano.

Que su memoria nos inspire a construir una Argentina más justa, más libre y más solidaria. ¡Gloria y honor eterno a Manuel Belgrano!


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Académico Presidente

Aula Magna del Colegio Nacional de Buenos Aires

23 de junio de 2026

viernes, 22 de noviembre de 2024

Alocución del Señor Académico Presidente en ocasión de la donación de la Bandera Nacional al Instituto de Rosario de Lerma

 


ALOCUCIÓN DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA ACADEMIA BELGRANIANA

EN OCASIÓN DE LA DONACIÓN DE LA BANDERA NACIONAL

AL INSTITUTO “PADRE RAMÓN BARRUFET” ROSARIO DE LERMA

 22 DE NOVIEMBRE DE 2024


Estimados Compatriotas:

La vida de Manuel Belgrano es una vida ejemplar, no hay duda alguna. Una vida diferente, casi tocada por la mano de Dios. Una vida ejemplar, vigente hoy y me aventuro a aseverar, que también lo será en el mañana.

Su ideal fue forjar un nuevo pueblo, una nueva nación, invitando a sus compatriotas a un mundo desconocido, de valores que él supo descubrir. Su merito es haber detectado la validez espiritual y material de los habitantes de esta parte del mundo y no pretender sojuzgarlos y usufructuar sus esfuerzos nativos.

Salamanca y Valladolid abrieron y fomentaron aún más sus pensamientos y observaciones de la realidad, los que conjugados con sus anhelos interiores, encontraron marco en la ilustración que pudo palpar en Europa.

Hijo de una de las familias que se distinguían por su accionar, no era un desconocido. Los Belgrano eran influyentes en la sociedad. Su ambición –narrada por él mismo en su autobiografía- lo llevaba a pensar que sería un gran diplomático. La vida de representación en el mundo fue seguramente su primera inclinación vocacional, pero altamente comprensivo y dejando de lado sus aspiraciones personales, advirtió que su Patria estaba necesitada de los elementos fundamentales, de las columnas sólidas que debían sostener el edificio que él había pensado para esta tierra y sus habitantes.

Era un iluminado, con inspiraciones que hizo verdad en un pueblo al que le faltaba de todo.

Tan alta personalidad no deja duda de que fue un ser especial y excepcional. Su vida es un cofre de oro y en tesoro de virtudes. Su ilustración y su vocación lo distinguieron siempre. Dios nunca lo abandonó. El autor de la vida, en sus planes, se valió del Hijo Prominente de Buenos Aires para trazar el horizonte de la argentinidad naciente. 

Bartolomé Mitre en sus escritos dice “El será apreciado cada día a medida que vayan revelándose las páginas de su vida”. Gran parte de la vida de Belgrano está aún por conocerse. Es mucha su grandeza. Fue un héroe indiscutible.

Es nuestro deseo como Academia Belgraniana, entidad rectora de los estudios superiores belgranianos fundada en 1965, alentar a las nuevas generaciones a descubrir la santidad de Manuel Belgrano en todo su alcance y dimensión. Es nuestro deber profundizar la verdad y  encontrar a Belgrano como verdadero fundador de la libertad nacional. 

Hoy, en este suelo salteño, donde el 20 de febrero de 1812 Manuel Belgrano obtuvo la más espléndida victoria que registran los anales militares argentinos y fiel testigo de la clemencia cristiana ante el enemigo vencido, sembrando ejemplo y testimonio de hermandad americana decimos presente para traer a Rosario de Lerma una de las Banderas que tremolaron junto al Mausoleo de su Creador.

A partir de este día el Instituto “Padre Ramón Barrufet” es custodio de esta Bandera que es símbolo de los argentinos, símbolo magnífico que nos representa ante el mundo, obra del espíritu fundador del “Benemérito General Belgrano”.

Que este Pabellón inmaculado tremole siempre bajo este cielo con abundancia de paz y prosperidad, les recuerde la grandeza a la que han sido llamados y sea como siempre factor de unión, factor de amor a la tierra y amor al saber, sentimiento que nuestro prócer cultivo en grado máximo.

A ustedes jóvenes salteños de esta hermosa tierra de Rosario de Lerma, nueva generación de argentinos, les deseamos lo mejor y que luego de haber formado el cuerpo, la mente y el alma, tomen como ejemplo de vida, la vida de Manuel Belgrano, imitando y divulgando su obra como herederos de su grandeza.  

Hoy está aquí su legado, el máximo símbolo que jamás dejará de serlo para nosotros, rindamos con nuestras acciones tributo a aquel que abandonó todo por nosotros, honremos siempre su memoria y al ver los colores celestiales que nos dio en la Bandera cumplamos su deseo de vernos libres e independientes de los enemigos interiores y exteriores. 

En nombre y representación de la Academia Belgraniana de la República Argentina agradecemos a toda la Comunidad de Rosario de Lerma: a las autoridades civiles, militares, policiales y eclesiástica en la persona del Señor Arzobispo, establecimientos educativos presentes, veteranos de guerra de Malvinas, a los Infernales y gauchos de Güemes y de modo especial al Instituto Rosario de Lerma “Padre Barrufet” que cumple - al igual que nosotros - 60 años de vida institucional. Feliz aniversario de diamante. Que sigan brillando como tal, formando a la juventud en los valores y estandartes dejados por Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.  

Gloria a Belgrano, creador de nuestra enseña!, gloria al virtuoso americano!, gloria al justo Gobernador de Salta de Tucumán!, gloria eterna al Padre de la Patria!

 

Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Académico Presidente

Rosario de Lerma, 22 de noviembre de 2024

martes, 27 de febrero de 2024

Alocución del Señor Académico Presidente pronunciada en el Convento de Santo Domingo el 27 de febrero de 2024



DISCURSO DEL SEÑOR ACADÉMICO PRESIDENTE DE LA

ACADEMIA BELGRANIANA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

EN  LA CONMEMORACIÓN DEL 212 ANIVERSARIO

DEL PRIMER IZAMIENTO DE LA BANDERA NACIONAL

 

Estimado compatriotas:


Hoy, a la distancia, podemos aseverar que el triunfo de las tropas al mando del general Manuel Belgrano en la Batalla de Tucumán, marcó el nacimiento de la Patria y la diferencia con el enemigo; en ese marco, se consolida en el pensamiento del “Libertador de Pueblos” la necesidad de dar a los suyos estímulos visuales, estímulos imperativos por los que luchar, morir, dirigirse e insistir. Esa es la taumaturgia de la Bandera, de la cual hoy conmemoramos 212 años de la gloriosa jornada a orillas del Paraná, en el poblado de la Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos.

 

Difícilmente se encontrará en la faz de la tierra un pueblo que ame más a su Bandera, desde el punto de vista sentimental, que el nuestro. No material, sino sentimental.

 

Aquel paño blanco y celeste, enarbolado por el “Ideólogo de la Revolución de Mayo”,  prevaleció a pesar de los cambios y modificaciones que sufriera, y hasta de los ultrajes  que recibió y aún lamentablemente recibe.

 

“Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional” este es el preclaro mandato de su creador.

 

Aquella no fue una bandera para el ejército, como muchos señalan, así pensarlo es rebajar o minimizar la categoría que “el Verdadero Revolucionario” quiso darle al signo. En un documento, fechado antes del 27 de febrero de 1812, Belgrano habla claramente de la necesidad de tener una bandera para distinguirse de los enemigos. La escarapela es una antecedente de los cambios que Belgrano propusiera y que encontrara relativo eco positivo en el Poder Ejecutivo de aquel entonces.

 

1816 fue el año de la oficialización del símbolo, que ya tenía una distribución celeste, blanca y celeste “como actualmente se usa” rezaba el documento;  1818 fue el año en que aquella bandera del Rosario fue adornada con un sol. Belgrano no se opuso, no criticó la disposición que a instancia del diputado Chorroarín determinara el Congreso ya reunido en Buenos Aires junto a la sede del ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. No objetó nada, quizás,  porque se había constituido en ese febo radiante, un haz de luz intenso y refulgente, que iluminaría la vida de la nueva nación. 

 

La bandera creada por el “Pionero de la Educación Pública”, es una bandera nacida para una nueva nación, nación que él ya hacia latir en su corazón y en su mente creadora; la prueba de ello es que esa idea se convirtió en el Pabellón que nos representa ante el mundo y del cual estamos orgullosos por lo que significa, por la hermosura de sus colores y por todo lo que encierra de historia en su propio seno.

 

El “Padre de la Emblemática Nacional” concibió una Bandera para estas tierras de color celeste claro del cielo. Enseña que fue primigenia y que en el fulgor  de su glorioso tremolar sirvió de guía y ejemplo triunfante para otros pueblos que la han remedado, en otras latitudes de América, como símbolo de libertad.

 

El “Creador de nuestra enseña”, un apasionado de las representaciones con sus significaciones, estaba llamado a ser creador de símbolos y los símbolos son representativos de las nacionalidades, de los países, así lo testimonia la Bandera de Curuzú Cuatía, la Bandera de la Libertad Civil, la Bandera izada en Tucumán en 1812 conocida como la Bandera de Aráoz de Lamadrid, la Bandera que describiera en la Constitución Monárquica para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile, entre otras instancias; hasta  la tradición lo refleja cuando traza la visibilidad lograda con una bandera para aquel  Real Consulado que se le había confiado.

 

En el terreno de las suposiciones no podemos negar que en la mente del “Protector de los pueblos originarios”, él ha tenido consideración por los elementos autóctonos de la tierra que lo viera nacer y proyectarse como un hombre íntegro, apasionado, audaz, pionero, promotor y sobre todo fiel cristiano y servidor de su pueblo en el humilde presente de entonces y en el gran futuro anhelado.

 

La Academia Belgraniana, que desde 1965 hasta el presente, trabaja incansablemente para que el legado belgraniano de paz y bien, libertad, amor y entrega por la patria sea constante y permanente propósito ciudadano,  agradece al Altísimo ser custodia de la Bandera Nacional que flamea junto panteón que conserva los restos mortales de aquel que siendo Padre de la argentinidad expresó que se contentaba con ser un buen hijo de la patria. 

 

En su providencia, Dios, ha querido que esta corporación académica sea nexo entre los Padres Predicadores y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hoy representada por las autoridades aquí presentes, en el marco de una iniciativa que deseaba poner en valor el Mausoleo que aquí contemplamos. Gracias a todos quienes se comprometieron en la restauración de esta obra, que si bien es digna de apreciación, reluce tenuemente por yacer en su corazón de piedra los restos mortales del “Prócer más grande de esta Nación”, “Adalid de la Independencia hispanoamericana”.   

 

A las autoridades porteñas les pedimos hacer justicia por la memoria de quien marcara un preclaro rumbo para nuestra patria, les solicitamos declaren oficialmente a Manuel Belgrano  el “Primer prócer porteño” e “Hijo prominente de esta Ciudad”.

Su pensamiento y acción, coronados por el yelmo y el águila de su heroísmo e inmortalidad son siempre nuestra guía.

 

La Bandera creada por aquel “Virtuoso americano”, aquella conformada por los inmaculados colores blanco y celeste tuvo gran significación, significación que muchos no comprendieron, ni aún comprenden.

 

Qué los sagrados colores de nuestra Bandera, reflejo del cielo y de la vestimenta de la siempre Virgen María, reluzcan!,  y que jamás sombra alguna se acerque a tan pura inspiración patriótica!

 

Gloria eterna al Creador de la Bandera Nacional!

Gloria eterna al Paño de argentinidad que nos legara don Manuel  Belgrano!

Muchas gracias.

 

Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Convento de Santo Domingo

27 de febrero de 2024

 

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