viernes, 17 de febrero de 2023

Senderos Históricos

Por Ernesto Martinchuk, 

Consejero Académico electo


Un breve recorrido virtual, -inspirado para docentes, estudiantes y turistas- por las calles de tierra de la colonia de principios del siglo XIX, descubriendo lugares, datos, actividades y algunos de los protagonistas de nuestra historia.

¿Dónde nació, vivió, trabajó y murió Manuel Belgrano? ¿Dónde se imprimieron los primeros periódicos? ¿Dónde estaban las tropas que defendieron a la colonia durante las invasiones inglesas? ¿Dónde están las banderas capturadas a los enemigos? ¿Dónde vivían Castelli, Liniers, Moreno o Rivadavia? ¿Cómo era la vida en la colonia? ¿Qué actividades se desarrollaban? ¿Cuál fue la primera librería del país? ¿Cómo se llamaban las calles en esa época y ahora? ¿Dónde se cantó el Himno Nacional Argentino por primera vez? ¿Cuántos nombres tuvo la actual Plaza de Mayo? ¿Dónde estudiaron y dónde se reunían los Patriotas que protagonizaron el 25 de mayo de 1810? ¿Cuáles son las iglesias más antiguas del casco histórico? ¿Dónde contrajo enlace José de San Martín?...

Todo, acompañado por los sonidos que hacían a la vida cotidiana en la colonia.

Ingrese en el siguiente enlace y descubra los Senderos Históricos, donde las historias dan sentido a nuestra historia...

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viernes, 10 de febrero de 2023

Belgrano traductor de Washington

 


Por Ernesto Martinchuk *

Pocos días antes de la Batalla de Salta (20-2-1813), Manuel Belgrano traduce la despedida del héroe norteamericano Jorge Washington, que nos dejaba lecciones sobre uno de los máximos peligros que acechaban a las naciones y tiene vigencia a pesar de los 210 años transcurridos:

 “El espíritu de partido trabaja constantemente en confundir los consejos públicos y debilitar la administración pública. Agita a la comunidad con celos infundados y alarmas falsas; excita la animosidad de unos contra otros y da motivos para los tumultos e insurrecciones. Abre el camino a la corrupción y al influjo extranjero, que hallan fácilmente su entrada hasta el mismo gobierno por los canales de las pasiones de los facciosos. Así es que la política y la voluntad de un país se ven sujetas a la política y a la voluntad de otros”.

Antecedentes

 

Uno de los documentos fundamentales de la historia de los Estados Unidos de Norte América es el Farewel Address, el mensaje o discurso de despedida, el adiós, dirigido por Jorge Washington al hacer entrega del poder a su sucesor John Adams. Washington acaba de cumplir su segundo período presidencial después de haber encabezado los ejércitos libertadores de su Patria y haber sido uno de sus organizadores constitucionales.

 

Fatigado de la vida pública y sintiendo que sus fuerzas comenzaban a flaquear, había resuelto retirarse a la vida privada, pero antes de hacerlo tuvo la necesidad de hablar a su pueblo, dejar un documento de despedida, una especie de testamento político, las conclusiones de su experiencia y el mensaje de sus convicciones democráticas.

 

El Farewell Address fue publicado en los Estados Unidos el 17 de septiembre de 1796. Recién en el año 1805 el Dr. Manuel Belgrano lo conoció. El norteamericano David Curtis de Forest, pintoresco amigo suyo que luego de la Revolución de Mayo habría de hacerse argentino, se lo hizo conocer.

 

La lectura del adiós entusiasmó a Belgrano, y desde el primer momento pensó que ese documento debía ser conocido por todos los americanos. ¿Pero cómo difundirlo, cómo hacerlo llegar a los pueblos? No bastaba con traducirlo era necesario imprimirlo en gran cantidad de ejemplares para poder distribuirlos, pero la falta de fondos y la carencia de imprenta como también la severísima vigilancia ejercida por las autoridades españolas en torno a cualquier clase de publicaciones y muy especialmente a la literatura política era considerada subversiva. La sola lectura de la constitución de los Estados Unidos estaba prohibida en todas las colonias españolas.

 

Estas dificultades desanimaron a Belgrano y se limitó a hablar del documento con sus amigos para hacerlo conocer a los pocos que sabían inglés. Los acontecimientos vividos en el país lo distrajeron momentáneamente del asunto.

 

Producida la Revolución de Mayo, el Dr. Manuel Belgrano, por imperiosas necesidades del momento, es convertido de la noche a la mañana en militar para conducir las menguadas y desorganizadas unidades para marchar hacia el Paraguay.

 

Durante el desarrollo de la campaña vuelve a su pensamiento el viejo proyecto de hacer conocer a los pueblos el adiós de Washington. Él lo juzga un excelente instrumento para la preparación política de las gentes y sin pérdida de tiempo inicia la tarea de su traducción. Está a punto de darle fin en su tienda de campaña la noche antes de la Batalla de Tacuarí. Pero al día siguiente, cercado por el enemigo, temeroso de una derrota que hiciera caer en mano de los realistas algunas cartas comprometedoras de sus agentes patriotas en Asunción, ordena a su edecán que queme todos sus papeles antes de entrar en batalla.

 

La traducción del Address, la primera, se perdió así en aquel prudente auto de fe. Pero Belgrano no era hombre de abandonar un proyecto. Ahora que el poder estaba en manos de los patriotas, y no había tiranía que impidiera la difusión en América de la literatura política necesaria a los intereses de la Revolución, no iba a dejar de realizar su viejo sueño. Cuando de vuelta en Buenos Aires, se le ordena partir de nuevo para hacerse cargo de la jefatura del Ejército del Norte, el proyecto vuelve a bullir en su cabeza.

 

El 2 de febrero de 1813 a orillas del Río Pasaje, da término a la segunda traducción del adiós. El gobierno de la Revolución autorizó su publicación y bajo sus auspicios se hicieron miles de ejemplares para ser distribuidos en toda América.

 

Uno de esos ejemplares –el único del que hay noticias- se halla en la biblioteca del Parlamento en Washington. Es la única traducción al español del documento dado como testamento político del primer presidente de los Estados Unidos.

 

Existe  una fascinación especial en especular en los pasajes que Belgrano sintió tan hondamente que escribió “paisanos míos… a cuantos piensen en la felicidad de la América…”, exhortándolos a que leyeran  y reflexionaran en el consejo de “ese gran hombre… que se había dedicado de todo corazón a la libertad y felicidad de su patria… para que transmitiera esas ideas a sus hijos… si les tocaba la suerte de trabajar  por la libertad de América”.

 

Él compartía el anhelo, apasionado de Washington por la unidad. Comprendían ambos que las rencillas entre los estados, o provincias, debían evitarse a fin de que sus países pudieran ser suficientemente fuertes para mantenerse por sí libres e independientes. “También os es apreciable en el día de la unidad de gobierno, que os constituye una nación”, escribió Washington (para seguir haciendo uso de la versión de Belgrano). “y á la verdad justamente la apreciáis; pues es la columna principal del edificio de vuestra verdadera independencia, el apoyo de vuestra tranquilidad interior, de vuestra seguridad, de vuestra prosperidad y de esa misma Libertad que tanto amáis”. Añadió luego: “Pero como es fácil prever, que por diferentes motivos… se trabaje con mucho empeño… para debilitar, en vuestro concepto, el convencimiento de esta verdad: siendo este el punto de vuestro baluarte político contra el cual se han de dirigir con más constancia y actividad las baterías de los enemigos interiores y exteriores (aunque muchas veces oculta e insidiosamente…”

 

Tanto Belgrano como Washington percibieron el ominoso augurio de disensiones internas y su peligro inminente. Su propio país, no liberado todavía, estaba dividido en facciones en las distintas provincias. Felizmente para él, no vivió lo suficiente para experimentar en carne propia los años de las luchas intestinas. Washington también, se libro del horror de la guerra civil.

 

En su “Introducción” Belgrano dice de Washington: “Hablo con cuantos tenemos, y con cuantos puedan tener la gloria de llamarse americanos, ahora, y mientras el globo no tuviese otra variación”. En las palabras de Washington: “El nombre de los americanos que nos pertenece… siempre debe excitar un justo orgullo patriótico, más que cualquier otro nombre, que derive de los lugares en que habéis nacido”. No meramente virginianos, ni neoyorquinos, ni nombres de Pensilvania. Juntos habéis peleado y triunfado por una causa común: la independencia y la libertad que peséis”, recuerda Washington, “es la hora de vuestros consejos, de los peligros, de los sufrimientos y de las ventajas comunes, que en Unión habéis conseguido”.

 

El documento es extenso. Abarca el prodigioso campo de la defensa, el comercio, las finanzas y los problemas internos, sin dejar de analizar su política exterior. Es importante destacar el complicado escenario internacional de fines del siglo XVIII y la indigencia económica de las débiles Trece Colonias. Europa se debatía en el tumulto mientras Francia e Inglaterra estaban en guerra y en el continente norteamericano restaban las posesiones de las potencias europeas, como Francia, Inglaterra y España. “No puede haber error mayor –decía Washington- que esperar o contar con favores verdaderos de nación a nación. Es una ilusión, que la experiencia de curar, que justo orgullo debe arrojar”.

 

Consciente de la generosidad de Belgrano hacia la instrucción pública y su honda fe religiosa este pasaje debe haber toda una fibra íntima en el corazón de este patriota: “Promoved, pues, como un objeto de gran importancia, las instituciones para que se difundan los conocimientos. Es esencial –escribió Washington- que la opinión pública se ilustre en proporción de la fuerza que adquiere por la forma de gobierno” y “la religión y la moral son apoyos indispensables de todas las disposiciones y hábitos que conducen á la prosperidad pública. En vano reclamaría el título de patriota el que intentase derribar estas grandes columnas de la felicidad humana…”

 

“Cuando os ofrezco paisanos míos –expresó en su mensaje- estos consejos de un viejo y apasionado amigo, no me atrevo á esperar que hagan una impresión tan duradera como quisiera, ni que tengan el curso común de las pasiones, ó impidan que nuestra nación experimente el destino que han tenido hasta aquí las demás naciones, pero sí puedo solamente lisonjearme… que alguna vez contribuyan á moderar la furia del espíritu del partido, á cautelaros contra los males de la intriga extranjera, y preservaros de las imposturas del patriotismo fingido…”

 

Decía Belgrano en la Introducción del documento: “Un conjunto de sucesos que no estaban al alcance nuestro, pues vivíamos sabiendo únicamente lo que nuestros tiranos querían que supiésemos, nos trajo la época deseada, y por una confianza que no merecía, mis conciudadanos me llamaron a ser uno de los individuos del gobierno de Buenos Aires, que sucedió a la tiranía”.

 

Hubiera sido interesante compararlo con el proyecto corregido, del que Belgrano escribe: “Para executarla con más prontitud me he valido del americano Dr. Joseph Redhead, -su médico personal- que se ha tomado la molestia de traducirla literalmente y explicarme algunos conceptos…”

 

No debemos olvidar jamás “La gloria de llamarse americanos”, hoy resuena con renovada promesa por encima del clamor de un mundo angustiado.


* encargado de las comunicaciones institucionales de la Academia Belgraniana, Consejero Académico electo.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Discurso del Señor Presidente de la Academia Belgraniana en ocasión de la entrega del Pabellón a la Escuela Nro. 4036 de la Ciudad de Salta, Provincia de Salta

 


A los 42 años de edad Manuel Belgrano asume como General en Jefe del Ejercito del Norte, fue elegido porque era el único capaz de tomar ese desastre que era el ejército, para sacarlo de la nada y convertirlo en una milicia vencedora. El no encontró un ejército formado, por lo que puso todo cuanto pudo para sacarlo de tal ostracismo, a tal punto de sufrir enfermedades e inconvenientes, que si bien eran propios de la época, afectaban su paupérrima realidad.

 

En ese marco de instancias adversas logra el triunfo de Tucumán, al amparo y auxilio de nuestra Señora de las Mercedes – quien por el mismo es proclamada Patrona del Ejército-, Manuel Belgrano -el Libertador de Pueblos- se dirigió a Salta. Aquí, escuchó el consejo de un hijo pródigo de estas tierras, el capitán Apolinario Saravia, quien llevó al General a la casa de sus padres, solar ubicado en cercanías del casco histórico de esta ciudad, hoy conocido como Finca de Castañares.

 

El Cerro San Bernardo fue testigo de la estrategia del Gran General que debía enfrentarse con un enemigo que otrora fuera su amigo, Pio Tristán lo estaba esperando; y si bien su mente estaba turbada por esta situación, su espíritu trasunto no dudó en jurar fidelidad y lealtad a los ideales de Mayo, representados entonces por la Asamblea del Año XIII.

 

El 20 de febrero de 1813 tuvo lugar la Batalla de Salta, donde se enfrentaron el Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, y el realista, conducido por el general Pío Tristán. La contienda, que se desarrolló en los campos de Castañares, luego de tres horas, se volcó a favor de las tropas patriotas, dándoles la victoria.

 

La cruz a los vencedores y vencidos marca nuevamente la afirmación que hemos hechos reiteradas veces: “Belgrano fue el más religioso de nuestros próceres”; sus acciones civiles y militares estuvieron siempre en sus oraciones, tanto anteriores, durante como posteriores a cada empresa.

Su condición de cristiano comprometido con su fe lo hizo apelar al perdón, un gesto de magnanimidad que garantizaba a los vencidos, unas 20.000 almas promedio, su libertad siempre que juraran no volver a empuñar las armas contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. Un grupo de perjuros demostró lo contrario y puso en evidencia una vez más la torpe soberbia que embarga mucha veces a los hombres haciéndolo ingratos.

 

Su grandeza personal, su elevación de ánimo por sobre muchos, su generosidad demostraron en este acto la corona de virtudes que lo cubrían. Pero ¿qué buscó el General Belgrano con este acto? Pues nada más ni nada menos que presentar a la emancipación como un gran propósito, disponiendo los ánimos en grado eminente con el objeto de ejercer las cosas grandes conforme a la recta razón, trayendo apoyo a la esperanza que menguaba y presentando resistencia eficaz contra la desesperación que crecía.

 

Al respecto, en la carta que don Manuel Belgrano escribiera a Feliciano Chiclana, decía: 

“Siempre se divierten los que están lejos de las balas, y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos; también son ésos los más a propósito para criticar las determinaciones de los jefes: por fortuna, dan conmigo que me río de todo, y que hago lo que me dictan la razón, la justicia, y la prudencia, y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria”.

 

Como corolario solo mencionar que el general patriota Manuel Belgrano y su par realista Pío Tristán, eran ambos nacidos en territorio americano, uno en Buenos Aires y otro en Arequipa – Perú, educados en España, llegaron a ser compañeros en la Universidad de Salamanca, pero supieron abrazar distintos bandos durante la guerra de la independencia. 

 

Diversos autores simplifican este período tildándolo de una lucha entre revolucionarios contra la corona española, obviando que en realidad la mayoría de la sangre que corrió era de personas nacidas en la propia América, que por convicción, obligación o conveniencia se alinearon en uno u otro bando.

Para el español el Creador de la Bandera quebraba la unidad americana. Belgrano era de los que veía más allá de su presente, él vislumbraba el futuro de estas tierras, el porvenir, el destino de grandeza al que podía llegar. Y eso lo convirtió en el ideal de su vida, motivo de todas sus acciones. Belgrano no creía en la muerte, Belgrano creía en la vida y en la armonía de los seres humanos y él deseaba unir a todos en un ideal superior.

 

El triunfo en Salta sobre las tropas de Tristán - ahora de manera contundente, consiguiendo la capitulación absoluta del ejército español -, fue uno de sus principales logros.

 

El ejemplo de su abnegación, el brillo de sus ideas y la pertinencia de las mismas colocan a Belgrano como la principal figura hacedora de la patria. El es el artífice de la autonomía e identidad argentina. El creyó que había llegado la hora de emanciparse y realizar las propias ideas, las que convenían al país y a sus olvidados habitantes.

 

Sus palabras enviadas a la Asamblea luego de hacer jurar a sus soldados en el Río Pasaje, expresan: 

“Yo no puedo manifestar a V.E. cuánto ha sido el regocijo de las tropas y demás individuos que siguen este ejército: una recíproca felicitación de todos por considerarse ya revestidos con el carácter de hombres libres, y las más ardientes y reiteradas protestas de morir antes de volver a ser esclavos, han sido las expresiones comunes con que han celebrado tan feliz nueva y que deben afianzar las esperanzas de cimentar, muy en breve, el gran edificio de nuestra libertad civil”.

 

La libertad civil a la que nos llamó el hijo pródigo de Buenos Aires tuvo en el paño blanco y celeste creado en 1812 y oficializado en 1816 y 1818, una expresión inequívoca de grandeza. Esa Bandera que nos representa y en la que encontramos cobijo, resume nuestra historia, nuestra geografía, nuestra cultura, nuestra política y nuestra religión puramente mariana.

 

A 209 años de aquella Batalla que colocó a Salta entre las Provincias Belgranianas por excelencia, la Academia Belgraniana de la República Argentina por intermedio de su Presidencia traen a estas tierras un Pabellón que tremoló junto al Mausoleo de su Creador durante un mes. Fueron 30 días que ondeando permanentemente de día y de noche junto al  ideal de su Padre, impregnada de los ideales y valores belgranianos, es donada hoy a este hermoso pueblo y dejada en custodia de la Escuela Nro. 4036 “Dr. Augusto Raúl Cortázar”.

 

Que este paño celeste, blanco y celeste que en su centro porta el sol patrio sea guía y faro para las futuras generaciones de salteños en quienes depositamos nuestra esperanza como adultos y en quienes confiamos una mayor grandeza para la Patria tal cual la soñara Manuel Belgrano el insigne prócer porteño, el pionero de la política pública de educación y el verdadero revolucionario que supo enseñarnos que es ser un patria y tener un país.

 

¡Viva Salta!, ¡viva el General Belgrano!


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Ciudad de Salta, 15 de noviembre de 2022

 

"Belgrano y su mensaje a las nuevas generaciones" por el Consejero Académico Sr. Alejandro Fabián Fensore

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