sábado, 4 de junio de 2022

La Bandera Oficial de la Nación: breve análisis desde 1816 a 1818



Instalado el Congreso en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio declara la independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica, acta que se difunde en español, quechua y aimara. El 20 de julio, una comisión integrada por los diputados Esteban Luis Gascón, Juan José Paso y José María Serrano, propone que se decrete una bandera menor para la nueva nación, la idea es aprobada oficialmente en la sesión del 25 de julio, como sigue:

"Elevadas las Provincias Unidas en Sudamérica al rango de una Nación, después de la declaración solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la celeste y blanca que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo, exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas, en clase de bandera menor, ínterin decretada la forma de gobierno más conveniente se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la bandera mayor. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. (Firmado): Francisco Narciso de Laprida, diputado presidente. Juan José Paso, diputado secretario." Sesión del 25 de julio de 1816. (El Redactor, Nº 10, del 3 de octubre de 1816). La Bandera Nacional ya tiene tres franjas: celeste la de sus extremos y blanca la del medio.
 
El llamado Congreso sesionó en Tucumán desde el 24 de marzo de 1816 hasta el 4 de febrero de 1817. Ante el avance realista por el norte, el 23 de septiembre de 1816 se dispuso su traslado a Buenos Aires.

Ya en la ciudad porteña "El señor diputado Chorroarín ... expuso que era de parecer que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrada fuese distintivo peculiar de la bandera de guerra un Sol pintado en medio de ella, cuyo proyecto, adoptado por la sala después de algunas reflexiones, quedó aprobado." Sesión del 25 de febrero de 1818. (El Redactor, Nº 10, del 3 de octubre de 1816). El diputado Chorroarín era un sacerdote católico más precisamente un canónigo. De este modo, nacen las dos banderas que utilizáramos por 167 años hasta 1985.


Volviendo a la desafortunada redacción de 1818, que utiliza por primera vez la palabra "azul", ello motivó que muchos entendieran que el color se había modificado, quizás por el carácter no heráldico del celeste. Los federales con Rosas a su cabeza las reprodujeron de azul; los unitarios de celeste.


En otro orden de cosas, define incorrectamente a la bandera mayor llamándola "de guerra", cuando internacionalmente la bandera de guerra es una distinta de la habitual. Algunos países con sistema de gobierno monárquico levantan exclusivamente cuando están librando una guerra una bandera distinta a la de paz, como por ejemplo pensemos en el Imperio de Japón en la IIª Guerra Mundial. Dos Banderas simultáneas es incorrecto e impensado para una democracia.


A la luz de lo que someramente hemos expuesto podemos entender que la Bandera tiene el sol patrio desde 1818. El General don Manuel Belgrano seguramente se anotició del símbolo agregado a su emblema y nada dijo en contrario. En 1820 fallecía en Buenos Aires casi al olvido de todos.


Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro 

 Académico Presidente

@ProfesorGavalda 

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La Bandera Oficial de la Nación: breve análisis desde 1812 a 1815

 


Antes de invitarlo a leer este humilde y breve análisis sobre el Pabellón, quisiera preguntarle estimado lector: ¿Usted cree que la Bandera Oficial Nacional fue creada por Manuel Belgrano?, seguramente me dirá ¡sí!, con total y plena seguridad, pero debo decirle -en honor a la verdad pura y con la admiración que tengo para con don Manuel Belgrano- que ¡NO!. La Bandera creada por el General don Manuel Belgrano no tenía sol; Belgrano no le puso sol a la bandera de la Villa del Rosario. Aclarada esta sutil pero no menor instancia, continuamos.

Tal cual ocurre con la Escarapela Nacional, ningún documento histórico menciona el diseño de la Bandera del 27 de febrero de 1812. Algunos la suponen celeste-blanco-celeste, y otros apoyan el supuesto de que estaba conformada por dos franjas, ya sea verticales u horizontales, blanca y celeste o a la inversa.

La más sostenida de ellas, parece ser una que la representa blanca y celeste, que deducen los historiadores es la extensión de una supuesta escarapela circular blanca con centro celeste; apoyando esta hipótesis en la similitud que guarda la Bandera de Belgrano con la Bandera de San Martín llamada de Los Andes, hoy Bandera de la Provincia de Mendoza. Estas palabras le decía Manuel Belgrano a San Martín en su carta fechada en Santiago del Estero el 6 de abril de 1814: "añadiré únicamente que conserve la bandera que le dejé y que la enarbole cuando todo el ejército se forme". Entendemos que el General San Martín hizo cumplir la voluntad del General Belgrano" pero sigue siendo una nueva hipótesis que no podemos aseverar históricamente.

"Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, mandela hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la Escarapela Nacional. Espero que sea de la aprobación de V.E." textuales palabras de la misiva del general Belgrano al Triunviro. Reflexionemos: ¿Por qué era preciso?, ¿Qué entendía Belgrano por preciso?, sigamos: "la mande hacer blanca y celeste" ¿Cuándo? ¿Dónde? Seguramente la trajo ya hecha porque no es posible entender que la hizo allí e inmediatamente la enarboló.

Anoticiado el Triunvirato le contesta el 3 de marzo, en forma extensa y admonitoria, advirtiéndole que actitudes como la suya, pueden tener influencia desastrosa en la gestión de gobierno, para terminar exhortándolo a que haga pasar el episodio como un rasgo de entusiasmo, ocultando la bandera y subrogándola a la que se le envía. Esta, la que se le envió debió ser, una rojo y gualda como la de la fortaleza, según las ordenanzas reales del 28/5/1785 y del 8/3/1793, que corroboran el testimonio de grabados británicos mostrando la fortaleza en la invasión de 1806.

Muy razonablemente, el Triunvirato entendía que no era lo mismo una escarapela como distintivo de la tropa, que una bandera, de resonancia internacional y fuerte implicancia de autonomía e independencia en momentos de delicadas negociaciones políticas.

Nunca leyó Belgrano la carta del Triunviro, pues ascendido a general había partido para hacerse cargo de los Ejércitos del Norte, en reemplazo de Pueyrredón. Por ello, tres meses después celebra en San Salvador de Jujuy el 25 de mayo, formando a la tropa, frente a la celeste y blanca, previamente bendecida por el doctor Ignacio Gorriti.

Como respuesta llega otra severa reprimenda del gobierno que no concebía la repetición del hecho, y encomienda al propio Belgrano, la reparación inmediata de tamaño yerro. Belgrano, disciplinado, termina diciendo que la he recogido y que se deshará de ella para que no haya ni memoria de la misma.

Sin embargo, después de los combates de Las Piedras, Tucumán y Salta, en 1813 conmemora el aniversario de la gesta de mayo y el domingo 25 entrega al Cabildo de Jujuy otra muy distinta, la que todos conocemos blanca con el escudo de la Asamblea Constituyente, hoy llamada Bandera de la Libertad Civil.

La bandera sigue su periplo al Norte, regresando de Vilcapugio y desapareciendo en Ayohuma, con un posterior hallazgo en la capilla de Macha. 

La Asamblea del año XIII es, sin duda, el gran foro donde se trazan nuestras bases jurídicas y se concibe institucionalmente a la Nación.

Siendo así, cuesta entender que habiendo dispuesto escudo, banda, himno y moneda, no haya legislado sobre la bandera patria. Mientras tanto en el Puerto y Fortaleza de Buenos Aires seguía tremolando la Bandera del Rey de España.

Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Académico Presidente

@ProfesorGavalda

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viernes, 3 de junio de 2022

Alocución del Señor Académico Presidente en ocasión del 252 aniversario del natalicio de Manuel Belgrano

 

Cuando un niño nace, trae consigo un futuro que si bien es incierto se irá perfilando y desarrollando con el paso del tiempo. La alegría que un hijo trae a un hogar se multiplica en la esperanza y en la aspiración de que alcance la hombría de bien a la que es llamado para sí y para con el prójimo.

Así sucedió, un día como hoy, hace 252 años, cuando el hijo de don Doménico y doña Josefa llega al solar de los Belgrano Peri y González Casero ubicado a metros de esta Iglesia conventual, sitio por el que tantas veces pasamos, quizás sin darnos cuenta. Casa ubicada en la otrora avenida Santo Domingo -actual Belgrano- 430, a metros de la que fuera conocía previamente como “Calle Real”, hoy calle Defensa, una arteria que era camino obligado para dirigirse al puerto que funcionaba en La Boca del Riachuelo. Era la calle más transitada y, en las cercanías del convento de Santo Domingo, que daba nombre a la zona, estaba habitada por las familias más acomodadas de la ciudad.

Manuel, nombre que se origina en Emmanuel –Dios con nosotros-  era el cuarto de dieciséis hermanos, tres de los cuales fallecieron siendo niños.

En su autobiografía el mismo Prócer nos dice: “El lugar de mi nacimiento es Buenos Aires; mis padres, don Domingo Belgrano y Peri conocido por Pérez, natural de Onella, y mi madre, doña María Josefa González Casero, natural también de Buenos Aires. La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación mejor de aquella época”.

Buenos Aires, la Gran Aldea, no era tal cual la observaos actualmente, es obvio. Estaba precariamente edificada. La mayoría de las viviendas eran de estructura plana con fachadas lisas, sin atractivos, algunas con marcada importancia, como lo era la casa de la familia Belgrano. Se destacaban algunas otras edificaciones, entre ellas: el Fuerte, el Cabildo y algunas Iglesias como esta de Santo Domingo, que constituían las excepciones dentro del uniforme panorama urbano.

De aquel importante caserón de estilo colonial, habitada por un familia muy numerosa, como lo fueron los Belgrano, se conservan el aljibe, en el actual patio del Cabildo de Buenos Aires;  y la puerta, por donde tantas veces cruzara Belgrano, se conserva en el Museo Histórico Nacional.

Belgrano, amó la naturaleza desde sus primeros años, aprendiendo en el fondo de su casa de manos de sus mayores el cultivo de castaños y otros, aquella quinta que lo conectaba con la naturaleza se encontraba en el fondo de su casa, hacia la calle que desde 1774 se llamó Rosario, y a partir de 1822, Venezuela.

La niñez del docto hijo pródigo de estas tierras era feliz y no escapaba a lo que por aquellos años era frecuente por costumbre realizar por los  vecinos: dormir siesta, habitualidad alternada en algunas ocasiones por la visita que realizaba con su madre y hermanos a la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) para recorrer la Recova donde estaban los puestos de los «bandoleros», como se llamaba entonces a los merceros, donde se encontraban, entre otros, los negocios de ropa y novedades.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano fue cristianizado inmediatamente a su alumbramiento, la certificación de la fe de baustismo expedida por el Doctor don Juan Cayetano Fernández de Agüero, Cura Rector de la Catedral,  solicitada a instancias de  su padre, don Domingo Belgrano Pérez el 27 de junio de 1786, como parte de los documentos necesarios para que su hijo viajara a España para inscribirse en la Universidad de Salamanca dice:

“(…) El doctor don Juan Cayetano Fernández de Agüero. Cura Rector más antiguo de la Santa Iglesia Catedral de la muy Noble y muy Leal Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa Maria de Buenos Aires, examinador, sinodal de este Obispado del Rio de la Plata, Comisario jubilado del Santo Oficio de la Inquisición, etc (…)”. ‘Certifico, en cuanto puedo, que en el Libro parroquial de bautismos de personas españolas, que empezó desde el año de 1769 y acabo en el de 1775, se halla al final de la página 43 y principio de la 44, la fe de bautismo de tenor siguiente: En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel, canónigo magistral de esa Santa Iglesia Catedral, Provisor y Vicario General de este Obispado, y Abogado de las Reales Audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González; fue padrino Julián Gregorio de Espinosa, de que doy fe’.

El mundo en aquel año de 1770, cuando nace el Creador de la Bandera,  cuenta entre sus hechos notorios tres que señalaré seguidamente  y que considero humildemente son premonitorios en la vida de aquel infante:

1-      En primer lugar  lo sucedido el 5 de marzo en EE. UU., cuando soldados británicos asesinan a cinco estadounidenses en la Masacre de Boston, hecho que 5 años más tarde desencadenará la Guerra de Independencia de Estados Unidos.  La admiración al accionar del estadista George Washington llevan al futuro General  Belgrano a traducir el legado del Primer Presidente Norteamericano llamado “La despedida de Washington” de l796 y con plena vigencia al día de hoy.

 

2-      En segunda instancia, lo acaecido el 16 de abril, cuando el rey Carlos III establece la prohibición por Cédula Real del uso de las lenguas indígenas. Aquella determinación de la extinción de las lenguas nativas origina los movimientos comuneros previos a la Independencia (marcadamente notorios en los virreinatos de Nueva Granada y del Perú), encuentran posteriormente  en el Secretario del Consulado un acérrimo defensor de los derechos de los pueblos originarios. Sus ideas, revolucionarias y de avanzada para la época, ponían el foco en cuestiones que la mayoría ignoraba.

 

3-      Por último menciono el 16 de mayo cuando María Antonieta contrae matrimonio con Louis-Auguste, de 15 años (quien llegaría a ser Luis XVI de Francia); Manuel Belgrano, precursor y fundador de la independencia argentina fue un claro defensor de la Monarquía constitucional, llegando a escribir la Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile, proyecto de una preclara y gran potencia que se vio lamentablemente truncado por mezquindades y cegueras diversas que nacieron en 1816 y que prolongadas en el tiempo, tanta lucha interna nos trajeron.

Pero un niño no llega a ser tan grande hombre sino hubiese recibido la educación del hogar de su familia, con maestros particulares, tal la costumbre de la época; y con la instrucción versada con el debido aprendizaje de las primeras letras como la tuvo en las escuelas de los Conventos, junto a los Padres Predicadores sus guías y vecinos, y el claustro de  sus  primeros estudios de filosofía iniciados en el Real Colegio de San Carlos guiado por el padre Luis José de Chorroarín, sacerdote dominico doctorado en filosofía en la Universidad de Córdoba.

El padre Chorroarín es faro y guía en sus primeros pasos en la cultura y de modo prodigioso –nuevamente- actúa en su legado mayor, que es la Enseña que tremola esplendorosa.  

En el Real Convictorio Carolino o Real Colegio de San Carlos estudió latín y filosofía, diplomándose como licenciado en esta última. Era el colegio más importante de la ciudad de Buenos Aires en los tiempos de la colonia y de severa disciplina. Estaba instalado en el antiguo edificio del Colegio Jesuita, junto a la iglesia de San Ignacio. Los requisitos para ser admitido eran, entre otros, ser de primera clase, hijo legítimo, saber leer y escribir, y ser de familia cristiana.

La Iglesia tenía por aquellos años como Sumo Pontífice al papa Clemente XIV; Manuel Antonio de la Torre fue el vigésimo quinto obispo del Paraguay y undécimo obispo de Buenos Aires (1765-1776). Era un decidido defensor de la autoridad absoluta del rey, crítico de la sociedad colonial, influía notoriamente tanto en el  cabildo secular como más en el  eclesiástico, a tal punto de criticar hondamente la relativa laxitud en las costumbres de aquella Gran Aldea.  

Confrontó con muchos, entre ellos, con el gobernador Pedro de Cevallos a causa del apoyo que este daba a los jesuitas.  Este Prelado casó el 1 de octubre de ese mismo año de  1770 a Juan de San Martín y Gregoria Matorras, quienes serían padres del futuro Libertador general José de San Martín, amigo personal del general Belgrano.

El Congreso de Tucumán sanciona en 1816 la Bandera menor, aquella que por uso y costumbre se imponía y que había nacido de manos de su Creador, cuatro años antes, en 1812; y como el asunto del modo de gobierno nunca terminaba de definirse del todo, la llamada "bandera nacional mayor", nunca fue establecida de modo que no llevaría adorno ni distinción alguna hasta que esta cuestión se resolviera convenientemente.

Así fue que en dos años posteriores se definió  la creación de una "bandera de guerra" para uso militar, fue a principios de 1818. En enero de ese año, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón solicitó al Congreso, que se había trasladado de Tucumán a Buenos Aires, que se resolvieran las diferencias entre las banderas para uso militar y las de uso mercante evitando así confusiones en los buques.

A propuesta de un diputado por Buenos Aires, el canónigo doctor Luis José de Chorroarín, aquel que inició al Dr. Manuel Belgrano en sus primeros aprendizajes, volvió a cruzarse en la vida del Prócer propiciando que se resolviera por ley del 25 de febrero de 1818 que: "Sirviendo a toda bandera nacional los colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrada, fuese distintivo peculiar de la bandera de guerra, un sol pintado en medio de ella".

Se hace necesario aclarar que el corto texto legal del 25 de febrero de 1818 no explicaba en ninguna parte ni el significado del sol, ni su origen. Simplemente decretaba su uso. Tampoco hay datos de qué intensión pudo haber tenido y llevado al canónigo Luis José de Chorroarín a proponer el uso de un sol en la bandera de guerra.

La pregunta es entonces, ¿Cuál fue el motivo de la elección del sol en 1818 promovido para diferenciar a la bandera de guerra? ¿Será quizás que el hombre de Dios, sacerdote y canónigo pensara en el Sol de Justicia, Cristo, tal cual lo describió San Jerónimo? Debemos analizar profunda y académicamente este enigma que aún sopesa en el legado belgraniano. Más sabiendo que el mismo Creador de la Bandera nada dijo sobre ello.

Hoy nos congregamos ante el mausoleo de aquel gran patriota que fue un gran niño, aquí en el solar del Convento de Santo Domingo, testigo de las Invasiones Inglesas –como lo demuestran las marcas de los cañones en una de sus torres- testigo de aquellos cruciales momentos en donde Manuel Belgrano, en 1807, al producirse la segunda invasión británica, estuvo nuevamente presente, ante la rendición del General Crawford.

De él podemos repetir sin temor a equivocarnos, las palabras que el Doctor Manuel Antonio Castro, pronunciara en su alocución con ocasión de sus funerales en 1821:

"(…) Un puro y ardiente patriotismo era como el espíritu que animaba todas sus acciones. Todos sus trabajos, todas sus miras, sus facultades, eran consagradas al servicio de la Patria sin ambición, sin aspiraciones, sin interés personal. Como abstraído de toda otra relación, y de todo objeto particular, obrando, escribiendo, hablando, no se ocupaba sino del bien de su Patria de un modo siempre fervoroso y moviente (…)"

Relata un fraile dominico: “Belgrano, que hizo su escuela primaria aquí, pidió expresamente ser enterrado en la entrada de la iglesia, con el argumento de que estando adelante iba a ser visto por más personas y más personas iban a rezar por él.” Y nuevamente no se equivocó, porque aquí estamos a tantos años de esas palabras agradeciendo a Dios, quien en su Divina Providencia, nos regaló la vida de Manuel Belgrano, Precursor y Fundador de la independencia argentina,  que no quiso ser llamado ni reconocido como Padre de la Patria, pero que sin duda alguna lo es.

 

Prof. Rubén Alberto Gavaldá y Castro

Académico Presidente

Convento de Santo Domingo, 3 de junio de 2022

"Belgrano y su mensaje a las nuevas generaciones" por el Consejero Académico Sr. Alejandro Fabián Fensore

"Belgrano y su mensaje a las nuevas generaciones "   Por el historiador Alejandro Fabián Fensore Consejero Académico    Conferenci...