Palabras del Presidente del Círculo de Jóvenes Belgranianos
a los Cadetes de la Escuela de Gendarmería Nacional
Ciudad Evita, Buenos Aires - Miércoles 16 de junio de 2026
"En los albores de la Época Arcaica, cuando los embajadores persas llegaron a Esparta exigiendo tierra y agua como señal de sometimiento, se encontraron con hombres que no necesitaban murallas para saber que no cederían. Licurgo, el gran legislador espartano, había dejado grabada en su pueblo una convicción tan severa como inquebrantable: Una ciudad está bien fortificada si está rodeada por un muro de hombres y no de ladrillos.
En esa máxima, Licurgo definía que las fronteras se sostienen por quienes eligen estar de pie donde el terreno es más hostil, donde el reconocimiento es más escaso y donde la Patria, sin embargo, sigue dependiendo de que alguien permanezca. Eso es lo que ustedes han elegido. Y es, precisamente, lo que Manuel Belgrano comprendió antes que nadie en estas mismas tierras.
Cuando en 1812 recibió en Yatasto lo que quedaba del Ejército del Norte, una fuerza desmoralizada, escasa de recursos y sin perspectivas alentadoras, Belgrano no se preguntó qué le faltaba, sino qué podía construir con los hombres que tenía. Forjó disciplina, carácter y una mística de servicio que harían posibles las victorias de Tucumán y Salta. Años después, esa misma visión lo llevó a destinar íntegramente el premio otorgado por la Asamblea del Año XIII a la creación de escuelas, porque comprendía que la defensa de la Patria no dependía solamente de las armas, sino también de la educación de las generaciones futuras.
Para Belgrano, custodiar una frontera significaba proteger aquello que daba sustento a la Nación, es decir, su libertad, su orden y su porvenir. Por eso, cuando la Gendarmería Nacional se define como «Centinela de la Patria», encontramos una expresión profundamente belgraniana. Belgrano fue un centinela de la Patria antes incluso de que la Patria estuviera plenamente consolidada, porque comprendía que la soberanía se defiende tanto con las armas como con los valores.
Resulta significativo recordar esta lección en una fecha como la de hoy, cuando conmemoramos el paso a la inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes. Si Belgrano reorganizó y sostuvo la defensa del Norte, Güemes fue quien la hizo posible día tras día con el sacrificio de sus gauchos, convirtiéndose en el gran custodio de aquella frontera de la Independencia. No es casual que la Escuela de Gendarmería lleve su nombre. La tradición del centinela que hallamos en Belgrano alcanza en Güemes su expresión más consumada, y encuentra hoy continuidad en cada hombre que viste el uniforme de la Gendarmería Nacional.
Es precisamente esa convicción la que anima la labor de la Academia Belgraniana de la República Argentina y de su Círculo de Jóvenes Belgranianos, reunirnos para estudiar el pasado y extraer de él las enseñanzas que siguen siendo necesarias para el presente. Y es que, el legado belgraniano pertenece, sobre todo, a quienes están dispuestos a prepararse, exigirse y servir con el mismo espíritu que él supo encarnar.
Toda generación recibe una herencia, pero también una responsabilidad, conservar lo que recibió y transmitirlo, fortalecido, a quienes vendrán después. Ustedes ya han dado el primer paso al elegir servir. Los invito a que den el segundo, acérquense a la Academia Belgraniana, participen en nuestro Círculo de Jóvenes, y mantengan vivo el pensamiento de uno de los hombres más extraordinarios que ha dado nuestro suelo.
Bien lo advierte el Salmo 127: "Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila el centinela. Sean ustedes los centinelas que custodian la Patria no solo con las armas, sino también con el intelecto, los valores y el profundo conocimiento de nuestra historia.
Muchas gracias".
Lucas Virasoro
Presidente del Círculo de Jóvenes Belgranianos
Academia Belgraniana de la República Argentina

